Tras una larga y abrumadora ceremonia, en plena tradición clásica del olimpismo, y con el estallido de una salva de fuegos artificiales en la ceremonia inaugural en el estadio de San Siro, los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026 ya han echado a andar. Un evento que presenciaron unas 50 delegaciones de todo el mundo, pero también marcado por múltiples protestas y polémicas hasta la vigilia, incluso por el temor a daños ambientales derivados de la cita, con el que Italia buscó exhibir músculo y revalidar su lugar en el mundo.
La ceremonia, diseñada por la agencia Balich Wonder Studio —artífice de los Juegos de Río 2016 y de la ceremonia de clausura de Sochi en 2014—, se desplegó como una suerte de catarsis patriótica. El orgullo tricolor dominó en distintos momentos, desde la narración en directo del cronista de la RAI hasta las pulseras luminosas LED para el público del estadio. Entre efectos especiales y una banda sonora atronadora, el escenario acogió además un desfile pantagruélico: se usaron 1.400 vestidos y 1.000 objetos, hubo más de 500 músicos y en total, unos 60.000 asistentes y 10.000 invitados, entre atletas, patrocinadores y otros. Así también se festejaron las múltiples sedes de estos «primeros juegos olímpicos difusos», tal y como se anunció de un megáfono: además de Milán y Cortina, las principales, también Livigno, Bormio, Anterselva, Predazzo, Val di Fiemme y Verona (donde se cerrarán los juegos el próximo 22 de febrero).
Carrà y Carey
Con todo, el momento más divertido fue el colorido tributo a la recientemente fallecida Raffaella Carrà, y uno de los instantes más estelares llegó durante el izado de la bandera olímpica mientras sonaba el himno oficial. Condimentó también la voz de Mariah Carey, que cantó la italianísima «Nel blu dipinto di blu» y asimismo la cantante italiana quizá más famosa fuera de Italia: Laura Pausini, quien interpretó el himno. Cerró Andrea Bocelli, interpretando «Nessun dorma» de Turandot, en honor al también fallecido Luciano Pavarotti (quien había cerrado los JJOO de Turín de 2006 en unas de sus últimas actuaciones públicas).
Diversos personajes, de currículum llamativos y reconocidos por su dedicación a los principios de paz, unidad y solidaridad propios del Movimiento Olímpico, también desfilaron. Entre ellos figuró Tadatoshi Akiba, exalcalde de Hiroshima y activista por el desarme nuclear; Rebeca Andrade, gimnasta brasileña, campeona olímpica en 2021 y 2024 y defensora de los derechos de las mujeres, pero también Cindy Ngamba, primera integrante del equipo olímpico de refugiados en conseguir una medalla, entre otros personajes relevantes del mundo humanitario. Un curiosidad fue asimismo la presencia de Emiratos Árabes, país que nunca antes había participado a unos JJOO.
Dos pebeteros
La escenografía también rompió con la tradición al presentar, por primera vez, dos pebeteros simultáneos: uno en el Arco della Pace de Milán y otro en la Piazza Dibona de Cortina d’Ampezzo. Ambos arderán al unísono hasta la clausura del próximo 22 de febrero. El diseño del pebetero milanés fue otra exhibición de orgullo italiano: la llama se colocó en el interior de un recipiente de cristal y metal rodeado de una estructura de aluminio aeronáutico que se irá abriendo y cerrando (entre 3,1 y 4,5 metros de diámetro), inspirada en los «nodos» del genio florentino Leonardo da Vinci. Otro recordatorio del ingenio renacentista italiano volcado a la vanguardia tecnológica, un leitmotiv que planeo durante toda la cita.
La política también estuvo muy presente. J.D. Vance y Marco Rubio, respectivamente vicepresidente y secretario de Estado, tuvieron una zona especial reservada y la RAI les mostró saludando y sonrientes. Las gradas del estadio se encontraban casi a total capacidad, pese a los altísimos precio de los boletos.
El esquiador catalán Quim Salarich (Vic, 32 años), abanderado español en los JJOO, también sobrevivió a la cita sin mayores percances. El miedo que él mismo había expresado ante la posibilidad de que se le cayera la bandera no llegó a materializarse. Superado el momento de emoción, Salarich marchó junto a los demás deportistas, en representación de los cerca de 3.000 atletas de más de 90 países acreditados en la cita. Salarich, junto a Olivia Smart, que fue diploma olímpico en Pekín 2022 junto a Adrián Díaz en danza, recogen el testigo de Queralt Castellet y Ander Mirambell como abanderados. A partir de ahora, finalmente, los protagonistas serán ellos.
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