El subdirector del servicio de Inteligencia Militar de Rusia (GRU), el general Vladímir Alekseyev, hospitalizado tras ser tiroteado por un desconocido este viernes en Moscú, reaparece bajo el foco mediático como una figura clave por un rasgo poco habitual en este tipo de cargos: su papel como puente entre el aparato ruso y estructuras externas que han ampliado el alcance de Rusia en el exterior, con Wagner como caso emblemático. Alekseyev, además, está bajo sanciones de Estados Unidos de la Unión Europea (UE). Los Veintisiete le castigaron por su presunta implicación en el envenenamiento del exespía ruso Serguéi Skripal y de su hija Yulia en el Reino Unido en 2016.
La figura de Alekseyev tomó relevancia pública en el contexto de Wagner: un mando capaz de entender el engranaje oficial y, a la vez, gestionar interlocutores que operan fuera del uniforme. En la crisis del motín fallido de junio de 2023, cuando el grupo de mercenarios liderado por Yevgueni Prigozhin tomó guarinicioines militares de la ciudad rusa de Rostov, apareció en un vídeo llamando a frenar la rebelión y aludió a años de cooperación estrecha entre el GRU y Wagner. La escena fija su perfil: no solo un general de despacho, sino un operador con acceso a redes y lealtades difíciles de encajar en un organigrama.
La relación con Wagner ilustra cómo el grupo no fue solo un instrumento de guerra exterior, sino también una palanca política. El grupo, que nació como fuerza de combate al servicio de intereses rusos en escenarios como Siria y, después, como brazo decisivo en Ucrania, tenía su propia autonomía, financiación opaca y una cadena de mando propia. La mezcla militar, mercenaria y propagandística permitió al Estado ampliar capacidades sin asumir siempre el coste formal.
Sin embargo, tras aquel episodio, Wagner quedó como recordatorio de que los instrumentos diseñados para proyectar fuerza fuera pueden tensar la arquitectura interna. Alekseyev encaja en esa bisagra: alguien situado donde se coordinan operaciones, se reparte influencia y se contienen rupturas.
Hombre de confianza
Como subdirector de la inteligencia militar rusa, Alekseyev no es un mero burócrata: gestiona confianza, coordina piezas y administra relaciones. El GRU, vinculado al Estado Mayor, combina obtención de información, operaciones encubiertas y apoyo a la planificación de las Fuerzas Armadas. Su huella se percibe cuando la guerra se libra también en el terreno del sabotaje, la desinformación o el ciberespacio.
Según el portal ‘The Insider’, el general jugó un papel relevante en la organización de la infructuosa invasión inicial de Ucrania en 2022, planteada como una operación relámpago y que ha acabado derivando en una larga guerra a punto de cumplir los cuatro años. Además, militares ucranianos le han acusado este viernes de permitir la tortura «sistemática» de prisioneros de guerra.
La prensa rusa ha reportado que en el ataque sufrido este viernes, Alekseyev ha recibido varios disparos en el abdomen, una pierna y un brazo en su domicilio en Moscú por parte de un desconocido disfrazado de mensajero que, según las informaciones, podría ser una mujer. El ministro de Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, ha acusado a Ucrania de estar detrás del atentado con el objetivo de torpedear las negociaciones de paz en las que su jefe, Igor Kostiukov, encabeza la delegación rusa.
De Rusia a Siria
La prensa internacional ha vinculado a Alekseyev con la gestión de operaciones exteriores, especialmente en Siria, y a una reputación interna reforzada por condecoraciones como la de «Héroe de Rusia». Son referencias que ayudan a dimensionar su peso: no es un nombre secundario dentro de la inteligencia militar.
De Alekseyev se conocen pocos datos biográficos públicos de primera mano. Fuentes abiertas lo sitúan como nacido en 1961 en Holodky (región de Vínnytsia), entonces parte de la Ucrania soviética; hoy esa localidad pertenece a Ucrania.
Vista del edificio de apartamentos donde el subjefe de inteligencia militar rusa, el teniente general Vladimir Alekseyev, fue tiroteado y herido, en Moscú, Rusia, el viernes 6 de febrero de 2026. / Pavel Bednyakov / AP
Bajo sanciones
Las sanciones ofrecen una cronología verificable. Estados Unidos lo incluyó en diciembre de 2016 en medidas vinculadas a ciberactividad atribuida a estructuras asociadas al GRU. La UE lo sancionó en enero de 2019 dentro del régimen de armas químicas, asociándolo en términos institucionales al caso de Salisbury y al uso de Novichok.
Ese encuadre coloca a Alekseyev en la lista de altos mandos que Occidente identifica con operaciones de alto coste político. Y añade un dato esencial para entender por qué su nombre importa: no se trata solo de jerarquía, sino de atribución internacional.
Ataque y señal
A diferencia de otros rostros del poder ruso más mediáticos, Alekseyev encarna un perfil de funcionario de seguridad: poca exposición personal, datos biográficos fragmentados y presencia pública casi siempre ligada a crisis o a documentos externos, como los listados de sanciones, y es que en la inteligencia militar pesa más tener acceso a información, operaciones y contactos que salir en público.
Sin embargo, el tiroteo lo sitúa en un punto de máxima exposición. El mensaje que deja un ataque así en Moscú es claro: cuando un alto mando con acceso a los círculos de seguridad es alcanzado en la capital, se abre una grieta en el relato de control y en la percepción de blindaje del aparato estatal. En tiempos de guerra, esa intersección deja de ser abstracta y queda en evidencia quién es un objetivo potencial.
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