El fantasma de una enorme guerra se cierne sobre Oriente Próximo, con gran parte de la flota estadounidense rodeando una Irán que promete extender su conflicto contra Estados Unidos a toda la región. Para evitar que esto ocurra en los próximos días —una posibilidad real y muy alta— delegaciones de Teherán y Washington se han reunido este viernes en Omán, en unas negociaciones catalogadas como «con desconfianza pero positivas».
¿Existe la posibilidad de que estas charlas eviten una guerra de Estados Unidos contra Irán? A continuación desgranamos las negociaciones, en cinco claves:
Este ha sido, precisamente, el punto de desacuerdo más grande entre Irán y EEUU: mientras que Washington ha insistido en negociar sobre el programa nuclear, el programa de misiles, el apoyo a las milicias regionales y la violencia contra los manifestantes en Irán, la República Islámica tan solo acepta hablar sobre su programa nuclear.
El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, llegó a asegurar esta semana que tan solo negociar sobre cuestiones nucleares no sería suficiente para disuadir a EEUU de atacar a Irán. Las conversaciones de este viernes en Omán, sin embargo, han sido únicamente nucleares, según la versión de Teherán Las charlas siguen; la sombra de una posible guerra entre los dos países aún se mantiene.
Por el momento han transcendido pocos detalles concretos sobre lo hablado en Omán, a parte del compromiso de seguir hablando. Los precedentes, sin embargo, muestran que esto no garantiza nada: en junio, mientras Washington y Teherán hablaban también en Omán, Israel lanzó un ataque sorpresa que desembocó en la guerra de 12 días entre Irán y el Estado hebreo, en la que participaron aviones de combate estadounidenses.
Esa guerra rompió las negociaciones nucleares de entonces, debilitó enormemente a la República Islámica y la empujó hacia un abismo económico que ha dejado al régimen en el punto más débil de desde la revolución islámica de 1979.
Según los expertos, nada está claro en estas negociaciones: si EEUU reclama concesiones que Irán no está dispuesta a dar —como la entrega de su uranio enriquecido, un límite en su programa de misiles, el final del apoyo a milicias como Hizbulá o Hamás o la cesión de más derechos a la castigada población iraní—, entonces la situación actual apunta hacia una sola dirección: la reanudación del conflicto de junio.
Esta vez, sin embargo, sería distinto. En junio, los bombardeos de Israel, con el apoyo estadounidense, nunca tuvieron como objetivo la derrota definitiva del régimen del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jameneí, sino su debilitamiento tanto a nivel militar como nuclear.
Tel Aviv lo consiguió: descabezó casi por completo al Ejército y la Guardia Revolucionaria iraní, que en los últimos meses ha mutado bajo la batuta de Jameneí en una organización mucho más horizontal, con una cadena de mando que pueda seguir funcionando en caso de perder una o varias piezas.
Una nueva guerra sería un punto y aparte para Irán. Teherán vive ahora acorralada internacional y nacionalmente, sobre todo tras las masacres contra manifestantes este enero. Un ataque estadounidense, a diferencia de junio, sería visto como una moción a la totalidad contra un régimen, el iraní, que amenaza con responder con todo, a diferencia de como hizo en junio, cuando Teherán siempre buscó causar el mínimo daño posible en sus respuestas contra Israel y EEUU.
«Estamos listos para la guerra. Estamos aún más preparados que en junio. Si alguien quiere atacarnos, recibirá una dura respuesta. Si EEUU interviene, esto cambiará el statu quo de toda la región, y pasará los límites de una guerra bilateral», declaró en los últimos días el ministro de Exteriores iraní, Abbás Araghchi, quien ha encabezado la delegación iraní de este viernes en Omán
Esta amenaza de un conflicto a gran escala en todo Oriente Próximo ha hecho que incluso rivales regionales del país persa, como Arabia Saudí, Egipto y Emiratos Árabes Unidos cooperan en los intentos de mediación con Estados Unidos, liderados por Omán, Turquía y Qatar, Estados que mantienen buenas relaciones tanto con Washington como con Teherán. Todas las capitales de la región contienen la respiración mientras hacen llamamientos a calmar las tensiones.
En las últimas dos semanas, el presidente estadounidense, Donald Trump, ha desplazado al golfo Pérsico lo que él mismo ha calificado como su «armada», que está lista para atacar Irán en caso de que el magnate neoyorquino dé la orden. Esta flota contiene siete destructores, tres barcos de combate y el portaaviones USS Lincoln.
A todo ello, por supuesto, se suman los aviones, cazas de combate y bombarderos que EEUU dispone en sus bases regionales, sobre todo en Qatar, Jordania y Turquía. En los últimos días el Pentágono ha estado también reforzándolas.
Suscríbete para seguir leyendo











