El flechazo futbolístico venía de meses atrás, cuando Jesús Martínez —él y medio mundo del fútbol en América en realidad— se fijó en el talento imberbe de Thiago Fernández, pero fue imposible el encuentro porque Vélez, su club, pidió 4 millones por su traspaso. Así que el “ok” futbolístico estaba claro esta vez, pero quedaba por analizar otro factor importante, decisivo: su estado físico. El Real Oviedo quiso tener la certeza de que Thiago Fernández había dejado atrás su grave lesión en la rodilla y el Villarreal puso de su parte: le dejó al club azul ver hasta los datos de los chalecos con GPS que los clubes emplean en cada entrenamiento.
Las prendas, que usan todos los clubes profesionales, guardan los datos físicos de cada futbolista en las prácticas. Y los de Thiago Fernández revelaron que los esfuerzos a alta intensidad, por ejemplo, le situaban al nivel de antes de su lesión. Fue ese detalle el que terminó de convencer al Real Oviedo de las bondades de su contratación.
“El 9 de enero empezamos conversaciones con Miguel Ángel Tena (director de fútbol del Villarreal) y fuimos investigando cómo iba la evolución del jugador. Tuvimos informes médicos del Villarreal, de fisios y doctores, y nos proporcionaron los datos de GPS de las semanas previas y vimos que estaba entrenando a un nivel físico muy alto”, explicó Agustín Lleida ayer, para presentar a Thiago Fernández en sociedad, el último en llegar y que ante el Girona se estrenó con victoria y lágrimas.
Lo de las lágrimas fue después del partido, cuando fue consciente de que había vuelto a jugar 13 meses después del último choque oficial. “Liberé mucha tensión, porque fue un año complicado, además de la lesión se habló demasiado de mi situación contractual, y eso era tensión liberada. Quise buscar a mi familia, los que siempre estuvieron conmigo”, expuso ayer el extremo.
Tras explotar en el campeonato argentino, Thiago Fernández se rompió los ligamentos y, a su vuelta, Vélez le negó la posibilidad de competir porque se negaba a renovar: tenía un acuerdo con el Villarreal. De ahí lo de la tensión contenida.
El Villarreal le dio el pasaporte a Europa, pero ha sido el Real Oviedo el que le tiende la mano en Primera, cedido hasta junio. “No lo dudé. Me presentaron el interés del Oviedo un miércoles y el jueves ya estaba viniendo en avión. Vengo con energía renovada para ayudar”, indicó.
Nada más llegar viajó a Barcelona aunque aún no tenía tramitada la ficha con la intención de adaptarse al grupo lo antes posible. Ante el Girona ya se vio lo que puede aportar. “Toda mi vida jugué de enganche, una posición que ya casi no hay, y en Primera pasé al extremo izquierdo, le tomé cariño a la posición y aquí vengo para jugar ahí”, explica.
El epílogo a su gran puesta en escena, con asistencia decisiva para el triunfo, se vio frente al Fondo Norte, dirigiendo la haka tras la invitación de Santi Cazorla. El argentino quiere vivir más tardes redondas: “Aún no llegué a lo que logré en juveniles, y trato de encontrar esa mejor versión mía”, cerró.












