Vienen los jóvenes pisando fuerte. Venden mucho y no se dejan pastorear. De algunas batallitas prefieren desertar
Adoro a David Uclés. ‘La península de las casas vacías’ es uno de esos libros imán sobre los que no dejas de pensar semanas después de haberlos acabado. Un monumento, una disfrutada. Ahí hay pico y pala, además de talento y entusiasmo, aunque claro, yo no soy crítica literaria y encima vengo la mitad de Jaén, como el joven autor. Pensaba que no le podía reverenciar más, pero sí. La que ha liado el pollito contra el sanedrín de la cultura patria. Avalado por la venta de 300.000 libros y después de ganar el Nadal, se lo rifan en los saraos. Propulsado a la Champions, podría dedicarse a multiplicar réditos, sin molestar: cuatro foros, bolos y presentaciones ante incondicionales, es lo que se espera de la izquierda acomplejada. Muy por el contrario ha cogido su influencia creciente y se ha borrado a bombo y platillo de unas jornadas sobre la guerra civil organizadas por Arturo Pérez Reverte, para no compartir cartel con dos fichajes de tercera que no querrían ni en Arabia Saudí: el decrépito José María Aznar y el desterrado de Vox Iván Espinosa de los Monteros, que dirige un outlet de pensamiento ultra. También ha cargado contra el tramposo lema escogido, 1936. La guerra que todos perdimos. Un título muy sospechoso viniendo de un veterano excorresponsal de conflictos bélicos, que en la tele parecía saber de dónde procedían las balas, quién le ha visto y quién le ve. Bien es verdad que peor hubiera sido 1936. El golpe de estado que todos dimos. Nadie ganó o todos perdimos, un rótulo tibio y complaciente con la nueva ola conservadora en ciernes, cuyos líderes no leen pero reescriben. Y sobre todo una premisa falsa. Una enmienda a la ley de Memoria Histórica que la derecha cancela en cuanto tiene oportunidad, sin que los académicos dedicados a la metáfora barata hagan el más mínimo aspaviento.
La baja de Uclés, desencadenante de otras, ha tenido el efecto de aplazar a octubre la tertulia de equidistantes, cosa que no es el drama nacional que nos han querido vender. Abundan en nuestra geografía eventos, seminarios, ciclos y pesebres varios similares al de la polémica, financiados por cajas de ahorros que en algo han de gastar las comisiones que nos cobran. Pero se lo han tomado fatal los señores acostumbrados a imponer su criterio, que necesitan gustar a diestra y siniestra para seguir en el candelero. Se presentan como víctimas del guerracivilismo que soportan amenazas de la ultraizquierda. Cuánto han sufrido, y no precisamente en silencio; pensábamos que venían llorados de sus múltiples agarrones en las redes sociales. Largas ruedas de prensa y artículos interminables. Batallitas. No les costará buscar suplentes en la cantidad de escritores y escritoras que no venden tanto porque a lo mejor no sudan lo suficiente la camiseta, y que se han ofrecido a debatir con quien sea o como sea, porque ellos no son fascistas del antifascismo, o antifascistas del fascismo, ya no me aclaro. Qué mala es la envidia.
En resumen, que Rosalía se ha caído del cartel pero en su lugar cantará Mario Vaquerizo, a ver qué opina el público. No habrá selfi con el escritor de moda porque de las guerras perdidas de Pérez Reverte lo mejor es desertar. Por lo demás, una semana feliz para la cultura en español: Bad Bunny ha ganado el Grammy al mejor album, y este miércoles sale a la venta otro libro de David Uclés. Corro a comprarlo y a leerlo.
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