España prohibirá el acceso a las redes sociales a menores de 16 años y adoptará otras medidas para aumentar el control de las plataformas digitales y que sus directivos tengan que asumir responsabilidades por las infracciones en sus redes.
Con esta medida, el debate sobre la edad mínima para usar redes sociales ha vuelto a situarse en el centro de la actualidad. Entre los principales argumentos a favor de la prohibición está la exposición temprana a contenido sexual y los riesgos que esto supone para su desarrollo.
En nuestro país, según datos de la Agencia Estatal de Protección de Datos, el inicio del consumo de pornografía está en los ocho años.
«Lo que está ocurriendo con la redes sociales es que hay una sexualización. Muchas veces pensamos que es la pornografía la que afecta a los más pequeños y aunque es cierto, ese es el último punto», explica a este periódico la sexóloga, psicóloga y terapeuta de parejas Nayara Malnero.
Y es que, señala que hay una sexualización total a todos los niveles y, especialmente, en las redes a través de los bailes, la exposición, los influencers… La consecuencia es que aparece una «educación sexual y un aprendizaje vicario, a través de la observación de lo que ven». Y lo que ven son modelos de referencia que «van en contra de la construcción de relaciones sanas y de una sexualidad adaptada a su edad, porque empiezan a replicar esos modelos».
Las redes sociales son adictivas, también para los adultos
Sobre la prohibición legal de redes sociales, la terapeuta afirma que «desde luego que va a ayudar, aunque ellos van a seguir en redes sociales, como se ha hecho siempre, y van a seguir viendo pornografía. Pero es un buen paso, porque conciencia a las familias y a los centros educativos de que los jóvenes están expuestos no solo a información y estimulación sexual inadecuada, sino a un sistema completamente adictivo«.
Tenemos que darnos cuenta de que las redes sociales son «adictivas, incluso para los adultos. Imagínate para un menor, cuyo cerebro no está desarrollado y que no tiene sentido de la responsabilidad ni disciplina como los adultos. Pierden mucho tiempo frente a la pantalla, no socializando con niños de su edad y, encima, con modelos completamente inadaptados».
La experta es clara. La pornografía tiene efectos serios en los menores. «Lo que provoca es que se comparen y se den cuenta de que nunca su cuerpo ni sus prácticas van a ser como lo que aparece ahí, dañando sus expectativas y su autoestima. Si esto afecta a los adultos, imagínate a los menores que inician sus relaciones con esos puntos de referencia y exigencias irreales».
Sin embargo, lo que se debería hacer es «desde bien pequeños, educarles sobre lo que van a encontrar en internet y en redes».
«Educar siempre es prevenir. La información no traumatiza; lo que traumatiza es la desinformación y la exposición sin preparación», matiza Malnero.
No evita la exposición a la pornografía
La especialista esalta la importancia de dialogar con los adolescentes: preguntarles su opinión, sus gustos, sus preferencias. «Deseamos que se comporten como adultos, pero luego los tratamos como niños. Ahí empieza el conflicto: les censuramos y no les escuchamos. Preguntar qué opinan o piensan puede ser clave para acompañar su desarrollo sexual de manera saludable».
No obstante, «no evita por completo la exposición a redes o pornografía. Pero permite concienciar a familias y escuelas y proporciona herramientas para que los jóvenes desarrollen una sexualidad más saludable y adaptada a su edad».












