Mónica Pérez Blanquer asumió el 1 de enero la dirección de Bombas Gens Centre d’Arts Digitals con una idea clara: consolidar un proyecto con vocación global sin perder el arraigo local. Tras La Ruta y con Titanic preparada para al menos repetir la acogida que tuvo Tutankamón, la nueva directora reivindica un centro “poroso”, atento al tejido creativo valenciano y a las narrativas que surgen en la intersección entre arte, tecnología y público.
El 1 de enero asumió la dirección de Bombas Gens tras Artur Duart. ¿Cómo notará el público ese relevo?
A ver… no se puede coger el relevo de Artur Duart. Artur es un ser incombustible, con una energía impresionante. Pero bueno, yo me quedo aquí con la gestión de Bombas Gens y estoy muy contenta. He trabajado mucho tiempo fuera de València, pero soy de aquí y conozco bien el sector cultural valenciano. Eso era algo que a Artur le interesaba de mi perfil: cómo un proyecto con vocación internacional, con propuestas muy globales y de gran difusión, puede al mismo tiempo generar tejido con la comunidad, con los artistas locales, y construir una personalidad propia. Ahí hay un trabajo de tejer poco a poco, con mucho cuidado, y creo que eso sí puede notarse.
Llega a un proyecto que ya tiene tres años de recorrido. ¿Qué se encuentra al asumir la dirección?
Para mí la clave ha sido la continuidad. En otros proyectos me ha tocado empezar desde cero, pero aquí el proyecto está muy definido y con una personalidad clara. Mi manera de entender la dirección no es imponer una visión “estrella”, sino trabajar a favor de lo que ya es el proyecto. Desde 2023 ya estaba muy implicada: empecé con la producción local de Sorolla y a partir de ahí hemos ido dando pasos muy rápidos. Primero se trataba de que el público entendiera la propuesta de contenidos; luego llegó Tutankamón, que fue clave para fidelizar y para que se entendiera que este era un centro estable de artes digitales; y después La Ruta, que demuestra que podemos producir localmente. Todo eso, en muy poco tiempo, ha sido un trabajo de equipo muy fuerte.
«Queremos contar historias que interesen»
¿Cuál es esa personalidad clara de Bombas Gens?
Trabajamos con arte, tecnología y medios digitales. Esa combinación -arte, ciencia y tecnología- es lo que nos mueve, pero sobre todo las narrativas que podemos construir desde ahí. También pesa mucho el propio espacio: Bombas Gens es patrimonio industrial, una antigua fábrica, un lugar históricamente vinculado a la producción. Hoy seguimos produciendo, pero contenido cultural y propuestas artísticas. Lo importante son las historias y los contenidos. Queremos contar historias que interesen, que tengan discurso. Y además queremos ser un centro cultural poroso, dispuesto a dejarse contaminar por lo que pasa alrededor: la comunidad creativa local, los vecinos, los festivales, lo que ocurre en el barrio y en la ciudad.
La Ruta parece un buen ejemplo de personalidad local. ¿Cómo ha funcionado?
La exposición empezó en octubre y ha estado hasta el 1 de febrero, con cerca de 60.000 visitas. Estamos muy satisfechos. Pero más allá de los números, lo más interesante ha sido cómo se ha vivido. Queríamos generar debate, conversación intergeneracional, reflexión sobre un movimiento cultural con luces y sombras, muy ligado a la idiosincrasia valenciana. Y creo que eso se ha conseguido: la gente ha disfrutado, ha opinado, ha querido saber más, y el tema ha estado presente en la sociedad valenciana.
¿Cómo era el público que venía a la Ruta?
Nos sorprendió mucho. El grupo más numeroso ha sido el de jóvenes entre 20 y 35 años, más del 35% del público. Si sumamos hasta los 45, casi el 60%. Era un público que venía por la tarde, después de trabajar, de quedar. Los fines de semana sí hubo público familiar, pero con muchos adolescentes. Y ahí pasaban cosas muy bonitas: abuelas contándole a sus nietas cómo se escapaban de casa para irse de fiesta. Yo escuché conversaciones así y eran maravillosas.
¿Habrá continuidad de proyectos con temática local?
Siempre hay una vinculación local, aunque no siempre tenga la misma visibilidad. Trabajamos por ciclos y ritmos. Ahora la línea es Titanic y luego iremos avanzando. Cuando sea el momento, por supuesto que volveremos a apostar por contenidos de temática local.
¿Esperan superar con Titanic las cifras de Tutankamón?
Cada producción tiene sus propios objetivos. Tutankamón es un fenómeno global, con una trayectoria internacional enorme. Titanic también es una propuesta de gran formato, muy familiar, que va a transformar completamente el espacio. Lo interesante es ver cómo será el Titanic de Bombas Gens, cómo lo aterrizamos aquí. Siempre hay pequeños detalles que hacen que cada versión sea distinta.
“Bombas Gens no compite con los museos: amplía el ecosistema cultural”
Tuntakamon consiguió en nueve meses más visitas que la mayoría de museos valencianos en un año. ¿Tiene Bombas Gens una vocación más popular que los demás?
Yo no creo en la idea de competencia entre museos. Un ecosistema cultural sano necesita propuestas diversas y complementarias. Bombas Gens aporta la capacidad de trabajar con públicos familiares, masivos, de generar curiosidad y planes de ocio cultural. Eso ayuda a generar más público para todo el sector.
¿Es sostenible a largo plazo para un proyecto privado esa combinación de grandes proyectos a lo Tutankamon, exposiciones locales como la Ruta o alternativas como «Universos luz» que se inaugura este jueves?
Siempre he defendido que la cultura no debería ser minoritaria. No hay que tener prejuicios. Puedes ir a un partido de básquet y también a una performance contemporánea. Todo suma. Los centros culturales tenemos que comunicar bien nuestras propuestas para que la gente sepa qué va a encontrar y elija según el momento vital en el que está. Así que sí, si se hacen bien las cosas es posible mantener ese equilibrio entre sostenibilidad económica y proyecto cultural.
Todavía hay quien cuestiona el valor artístico del arte digital.
Por eso es tan importante la narrativa. La tecnología tiene que estar al servicio del relato artístico. La tecnología debe desaparecer dentro de la narración. Si se convierte en protagonista, el efecto se evapora rápido. Las críticas siempre existirán, pero creo que los resultados y la coherencia del proyecto hablan por sí solos.
Mónica Pérez Andujar, director de Bombas Gens. / Miguel Ángel Montesinos
¿La necesidad de atraer visitantes puede eclipsar la vocación artística del proyecto?
Tiene que haber una simbiosis. Tiene que ser sostenible, obviamente, y para eso tenemos que trabajar mucho los números. Pero al mismo tiempo, un proyecto cultural no es proyecto cultural si no hay la vivencia del espectador. Esa combinación es difícil, pero creo que la estamos consiguiendo.
Su trayectoria viene de las artes escénicas. ¿Como se refleja Bombas Gens?
Espero que mucho. Estas exposiciones tienen ritmo, recorrido, puesta en escena. Y hay una vivencia colectiva muy importante: venir acompañado intensifica la experiencia. Eso conecta mucho con lo escénico, con el cuerpo, con la experiencia compartida.
Y cierto sentido del espectáculo también, ¿no?
Claro, eso es la alegría. Es importante también en proyectos como el de Titanic, por ejemplo. Nuestros proyectos sí tienen esa visión también de provocar sorpresa.
¿Y el futuro? Después de Titanic…
Estamos trabajando ya en Frida 2.0, que será una propuesta muy exigente.
Pero ya hay otras exposiciones inmersivas de Frida o el Titanic. ¿Qué aportarán ustedes?
Primero, la solidez de la tecnología, que está muy integrada en esa historia. Y, segundo, cómo se ha tejido esa historia. El ritmo, los recorridos, cómo vamos cambiando los espacios para que cada vez sean distintos. Yo creo que ahí está lo que nos diferencia.
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