El hecho de que las mujeres trans puedan participar en competiciones deportivas de élite y en qué condiciones genera un intenso debate, con voces contrarias a su participación por su presunta superioridad sobre las mujeres cisgénero (término que define a las personas cuya identidad de género coincide con el sexo asignado al nacer) debido a la terapia hormonal con testosterona que reciben.
Para tratar de arrojar luz sobre esta polémica, investigadores de la Universidad de Sao Paulo, en Brasil, han revisado los estudios existentes sobre la composición corporal y la condición física de personas transgénero antes y después de recibir el tratamiento, un total de 52 estudios con 6.485 participantes, y la conclusión es las mujeres trans, pese a tener más masa muscular entre un y tres años después de la terapia hormonal, no tienen «ventajas atléticas inherentes derivadas únicamente de la terapia o de diferencias residuales de masa magra».
La revisión de estudios sí encuentra diferencias en la composición corporal de las mujeres trans sobre los hombres y las mujeres cis. Por ejemplo, las primeras tienen cantidades significativamente mayores de grasa corporal que los hombres. Y tienen más masa magra que las mujeres cis, que es un indicador indirecto de más músculo, pero «no se observan diferencias en la fuerza del tren superior o inferior ni en la capacidad cardiorrespiratoria». Además, la fuerza y el consumo de oxígeno es menor que en el caso de los hombres cis.
Por todo ello, los investigadores indican, en un artículo publicado en ‘British Journal of Sports Medicine’, que «los datos actuales no justifican prohibiciones generales» a la participación de atletas trans en las competiciones deportivas. No obstante, reconocen que «se han identificado lagunas importantes en la literatura», dado que la mayoría de estudios no compara estrictamente atletas transgénero con atletas cis y, por ello, propone la realización de futuros estudios longitudinales a largo plazo que prioricen las métricas específicas de rendimiento de los atletas de las dos categorías.
La reacción
El estudio no es concluyente, por tanto, pero sí «contribuye de manera significativa a clarificar el estado actual de la evidencia científica en un ámbito con necesidad de interpretaciones prudentes, basadas en evidencia y contextualizadas», según Laura Sánchez Amador, doctora en Ciencias de la Salud por la Universidad de Alcalá (UAH), miembro externo del grupo de investigación Alimentación, Nutrición y Estrategias en Salud pública de la UAH y profesora en UNIR y CUNIMAD.
«Hemos de tener en cuenta que la aptitud física no constituye una variable única ni estática, sino que está determinada por la interacción entre múltiples factores: endocrinos, nutricionales, el entrenamiento, la salud, la edad, etc. Por ello, para llegar a conclusiones más sólidas, serían necesarios más estudios donde se valoren estos factores en conjunto y no de forma aislada», precisa en declaraciones a Science Media Centre España (SMC).
«Desde un punto de vista metodológico, los autores reconocen con rigor las limitaciones de la evidencia disponible, señalando que la mayoría de los estudios presentan una certeza baja y una calidad heterogénea, con tamaños muestrales reducidos y una variabilidad considerable en los diseños, las variables evaluadas e instrumentos utilizados. Esta transparencia fortalece la validez interpretativa del trabajo y evita conclusiones excesivamente generalizadoras. Con estas conclusiones, los datos aportados deberían estar sujetos a revisión en la medida que se disponga de estudios longitudinales más robustos y metodológicamente homogéneos”, añade.
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