Mi bar amigo

El fútbol tiene una dimensión infinita que atraviesa todas las pieles. Hay quien cree que el fútbol dormita en estadios de hormigón y asientos numerados. Hay quienes piensan que el deporte rey es propiedad de alguien y que todo tiene un precio. Se equivocan. El fútbol, el que duele en la derrota, el que abraza con la victoria, el que te arruina el domingo, vive en los bares. Son esos templos sin liturgia escrita donde la barra es la grada, no tan curva pero igual de sagrada, y donde cada partido se celebra como un rito colectivo. 

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