El artista cubano-ilicitano Elio Rodríguez ocupó en una ocasión un edificio con una escultura inflable en 2010, el Mattres Factory Art Museum en Pittsburgh (EE UU), y una década después, durante la pandemia, se dedicó a imaginar distintos edificios «poseídos» por lo salvaje y lo orgánico. «Me empezaron a dar likes en Instagram y me vine arriba», apunta. Ahí comenzó su proyecto Monumentos utópicos, un juego en el que el artista se toma la libertad de imaginar con otra lente algunos de los símbolos culturales levantados por el mundo y que expone el 13 de febrero en el ciclo Arte en la Casa Bardin del Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert.
La Puerta de Brandeburgo en Berlín, el Partenón en Atenas, la Estatua de la Libertad en EE UU, la Plaza de la Revolución en Cuba o el Castillo de Santa Bárbara en Alicante son algunos de los monumentos icónicos invadidos por las formas blandas y exuberantes con las que Elio Rodríguez (La Habana, 1966) suele trabajar sus esculturas como una forma de desacralizar los materiales.
El Castillo de Santa Bárbara invadido por la creación de Elio Rodríguez / elio rodríguez
«El monumento siempre es muy serio, muy rígido, y yo lo que hago aquí es quitarle solemnidad, desacralizarlo. Ya que juego, lo hago con cosas intocables, inamovibles, que han tenido una implantación importante. No son monumentos anónimos, tienen su historia, y yo busco que lo orgánico posea el edificio, que lo subvierta», explica el artista, que no pretende transmitir ningún discurso o mensaje político con este proyecto, aunque en algunos casos lo parezca por esa «suerte trágica» del momento actual, como sucede, por ejemplo, con la Estatua de la Libertad -a punto de asfixia en la obra intervenida de Rodríguez- tras las recientes agresiones a los derechos humanos por parte del gobierno de Donald Trump.

La Estatua de la Libertad, incluida en los «Monumentos utópicos» / Elio Rodríguez
«Los monumentos sí son políticos y tienen una carga simbólica grande, pero yo lo que hago es jugar y que la obra sea polisémica, que cada uno vea la historia que quiera en ella», argumenta Elio Rodríguez, cuyo proyecto parte «de la idea de hacer cosas que sé que no puedo hacer porque serían imposibles de materializar, así que ante esa imposibilidad, me lo imagino como me da la gana», pero al mismo tiempo «hago ver al espectador que podrían ser reales y por eso son utópicos. Es todo mentira, pero me tomo la libertad de hacerlo como quiero». A todo ello se añade el papel que el humor juega en su obra: «No soy nada serio ni profundo y mi obra es bastante parecida a mí, que soy la pachanga y la fiesta», bromea el artista.
Consideraciones del comisario de la muestra, Rafael Bonilla
El comisario de la exposición, Rafael Bonilla, apunta que con estas obras -realizadas en dibujos sobre papel y lienzo, en impresiones digitales sobre aluminio, en esculturas y en proyecciones animadas– el artista cubano «reactiva la mirada desde la imaginación, el juego y la sospecha».

Uno de los dibujos de la exposición / INFORMACIÓN
Bonilla considera que las propuestas se formulan «desde la ficción consciente«, donde esas formas blandas, que remiten tanto al cuerpo como a la naturaleza, «no atacan ni destruyen los monumentos» sino que «se adhieren, los envuelven, abrazan, parasitan» en un lenguaje «entre lo lúdico y lo inquietante».
A su juicio, el humor de Rodríguez funciona como herramienta de aproximación, pero también como «escudo» y «bajo su aparente ligereza, se despliega una reflexión compleja sobre el poder, la memoria histórica y la construcción de los símbolos».
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