El Bernabéu se ha cansado del Real Madrid de Arbeloa. En seis partidos con el salmantino en el banquillo han quedado eliminados de la Copa, han perdido su posición en el Top-8, y tendrán que jugar dieciseisavos de Champions, y casi se dejan media Liga ante el Rayo en un partido bochornoso de los blancos. Seis partidos que descubren que el Madrid de Arbeloa no tiene ni un solo rasgo reconocible. Juega sin vértigo, no hay presión tras pérdida, no presenta automatismos… Despliega un fútbol funcionarial en el que su mayor logro consiste en no incomodar a sus estrellas. Suficiente para ganar partidos intrascendentes, pero cuando el rival saca el colmillo o ataca sus alarmantes lagunas, el Madrid muestra la consistencia de un castillo de naipes. A caballo entre el trote cochinero y el fútbol de pretemporada, el Madrid termina por invitar a crecerse incluso a equipos como este Rayo depresivo que perdió después de estar a un paso de ganar rentabilizando el carajal táctico de un Arbeloa superado. Nadie al volante.
Recibió el Santiago Bernabéu al Real Madrid tras el bochorno de Lisboa ante Mourinho cebándose en sus pitidos con dos jugadores: Vinícius y Jude Bellingham. El primero se retiró a los 9 minutos con una rotura muscular importante, el segundo marcó cuatro meses después en Liga y se besó el escudo en la celebración buscando el indulto de la afición. Cierto es que enfrente los blancos encontraron a un Rayo diezmado que coquetea con las posiciones de descenso. Los de Íñigo Pérez han enturbiado su fútbol este curso, perdiendo ese picante que les hace tan venenosos. Su gran problema es la falta de pegada, necesitando 13 remates para hacer a un gol.
El tanto de Vinícius, a los 14 minutos, calmó la incertidumbre. Mientras que la lesión de Bellingham dio entrada a un Brahim con más recursos que una navaja suiza y que además sombrea menos que el inglés a las otras estrellas. Los de Arbeloa siguieron ofreciendo un desgobierno defensivo preocupante, con errores groseros que el Rayo no supo aprovechar. En ataque tampoco encandila este Madrid de fogonazos en el que solo Arda despliega un fútbol sexy. El resto traslada el balón como si fueran repartidores hasta Vinícius y Mbappé para que pasen cosas. Se amodorró el Madrid tras el gol del brasileño, especulando sin agresividad, ni en la presión atrás ni en las llegadas adelante. Se le había caído el equipo a Arbeloa y el Rayo comenzó a pisar el área de Courtois. Y la música de viento de la grada al descanso evidenció el desacuerdo del respetable.
Gol de De Frutos
Y poco tardó el Bernabéu en incendiarse tras la reanudación. En el minuto 48 los vallecanos sacaron las vergüenzas a la defensa madridista. Un centro de Gombau fue tocado de primeras al punto de penalti por Álvaro García, tras ganar la espalda a Valverde, y De Frutos empataba robando la cartera a Tchouameni, otro centrocampista reconvertido en defensa. El Madrid ha zurcido su zaga con centrocampistas sin calidad ni condiciones defensivas. Y se ha aceptado como válido que le vale con reciclar a Valverde o Camavinga como laterales o a Tchouameni como central. Pero querer no es poder.
Jude Bellingham se duele tras caer lesionado a los nueve minutos del partido entre el Real Madrid y al Rayo Vallecano / J.J. Guillen / EFE
Si la imagen era lastimosa, el diagnóstico del Bernabéu no era más halagüeño. «¡Échale huevos!», coreaba la grada a sus futbolistas. Una jugada retrató la deriva del equipo de Arbeloa. Dos estampidas de jugadores rayistas que corrieron más de 40 metros sin ningún defensa madridista por delante para plantarse ante Courtois. Lo que delató la falta de atención de quienes juegan de defensa y la anarquía táctica del entrenador. Courtois salvó el segundo gol ante Ratiu y los pitos volvieron a arreciar en el Bernabéu. La bronca de la grada se cocinaba a fuego lento y el equipo estaba descompuesto. Un panorama kafkiano con Vinícius y Mbappé de testigos directos y Arbeloa ejemplificando otro ejercicio de incoherencia pasando de un mediocampo con Tchouameni y Camavinga a uno con Ceballos y Arda, al que acabó quitando.
El técnico local amontonó atacantes en el césped sin sacar a Vinícius y Mbappé, lo que terminó por hacerle retirar del campo incluso a sus dos centrales titulares (Huijsen y Asencio). En el asedio final, con el Madrid ya abrazado a la épica, Camavinga estampó un remate en el palo. Y en el arreón final del descuento llegó un penalti tan inoportuno como inocente de Mendy a Brahim que Mbappé convirtió en el gol de la victoria. Un triunfo que, sin embargo, no convence a un Bernabéu que terminó pitando a su equipo, a su presidente y, especialmente, a su técnico.
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