Los once metros fulminaron las ilusiones del Deportivo Abanca frente al Real Madrid en Riazor (2-4). El equipo de Fran Alonso compitió de tú a tú ante el segundo clasificado de la Liga F, pero dos acciones dentro del área en la segunda mitad echaron por tierra sus esfuerzos y lo dejaron sin recompensa. Las blanquiazules terminaron fundidas y exhaustas, en un encuentro en el que vendieron muy cara su derrota y enorgullecieron a las casi 1.700 personas que poblaron las gradas del feudo coruñés.
En los primeros 20 minutos, Riazor pareció el Rod Laver Arena de Melbourne. Gol a gol, el duelo se asemejó más a un partido de tenis que a uno de fútbol. Todavía no había entrado todo el mundo al estadio y el Real Madrid ya había gozado de la primera ocasión, un remate de Weir que se marchó alto. El Dépor no se hizo esperar, y replicó a través de las botas de Lucía Rivas, Paula Gutiérrez, Barth y Ainhoa Marín. De área a área, de portería a portería sin tregua. El premio, sin embargo, llegó a balón parado. La zaga visitante no acertó a despejar con claridad un saque de esquina y Gutiérrez recogió el rechace en la izquierda. Controló, levantó la cabeza y puso un esférico templadito al punto de penalti que Lucía Martínez remató con fuerza al fondo de la red para estrenar el marcador (1-0).
Parecía que se abría el cielo para el conjunto courñés, pero apenas le dio tiempo a saborear la gloria. El Real Madrid volteó el luminoso con facilidad, en dos zarpazos que aturdieron a la escuadra de Fran Alonso en un abrir y cerrar de ojos. Primero, Rocío Gálvez en el remate de un córner en el que las locales pidieron falta sobre Inês, pero las colegiadas validaron el tanto. Inmediatamente después, Athenea cabalgó por la derecha y superó a Barth para poner un pase tenso al área pequeña que Signe Bruun convirtió en el 1-2.
Las jugadoras deportivistas resoplaron durante un instante, pero enseguida se remangaron para volver a empezar. Ainhoa forzó un saque de esquina en un lanzamiento lejano y Riazor vivió un déjà vu. Paula recogió el rechace, alzó la vista y colgó el balón al área. Espe Pizarro emergió entre las centrales visitantes para cabecear con potencia y restablecer las tablas (2-2). Después de la tormenta, vino la calma. El Deportivo asumió el control y el Real Madrid se conformó con contragolpear. Las pulsaciones bajaron y el choque se fue al descanso con todo abierto.
Todo abierto y decisiones comprometidas
Quesada metió pólvora para dinamitar el encuentro tras el intervalo. Sentó a Andersson y Athenea, que viajó entre algodones, y dio entrada a María Méndez y Linda Caicedo. La asturiana comandó al equipo desde atrás y la colombiana, una de las extremos más determinantes del mundo, generó peligro desde el principio. No acertó a rematar un centro de Shei y heló Riazor con una acción individual que se fue rozando el palo de la meta de Inês. Serio aviso. El técnico visitante, ambicioso, cargó los cañones con Alba Redondo y Angeldahl. El asedio madridista era constante y agotador, para un Deportivo al que se le multiplicaban los problemas en defensa.
Lucía Martínez y Ainhoa desperezaron a las locales con dos acercamientos y Samara entró para contener a Caicedo, pero la resistencia local se fue al traste en un abrir y cerrar de ojos. Barth se complicó en el área e Inês salió con demasiado ímpetu, arrollando a Redondo por el camino. Penalti claro, pese a que fue revisado en el FVS, por petición de Fran Alonso, que Caroline Weir ejecutó con calma y precisión a la derecha de la guardameta portuguesa (2-3).
A partir de ahí, el Dépor quiso, pero no pudo. Olaya, Marisa, Ainhoa y Bárbara trataron de inquietar a Misa, pero el Real Madrid no pasó apuros. Los esfuerzos blanquiazules se diluían con el discurrir del cronómetro, con la gasolina justa para un último arreón. El fútbol, que en la primera parte premió a las coruñesas, fue cruel en el tramo final. En un saque de esquina, Planes Terol, tras pedir revisión el equipo blanco, indicó penalti de Barth en un barullo en el área en el cayeron hasta cuatro jugadoras de ambos equipos y Weir, de nuevo, lanzó a sangre fría para doblar la ventaja madrileña (2-4). Punto, set y partido. El Deportivo murió sobre el área visitante, pero se quedó sin margen y se marchó de vacío entre el orgullo y la frustración.














