Tenerife se despertó este sábado con la noticia de la muerte de Ricardo Melchior Navarro (1947-2023). El que fuera presidente del Cabildo durante cuatro legislaturas y senador por la isla de Tenerife se convirtió en una de las referencias políticas más sólidas de Canarias de las últimas tres décadas. Lo fue porque, al igual que Adán Martín, tenía una idea global de cómo debía crecer el Archipiélago, a pesar de que su radio de acción estuviera limitado al ámbito insular.
Ingeniero industrial formado en la Universidad de Navarra, el ‘alemán’, como era conocido entre su círculo más próximo, amplió sus conocimientos con una matrícula en la Escuela Técnica Superior de Aquisgrán (Alemania). Antes de cumplir los 30 entre sus planes no figuraba hacer carrera política y el primer destino laboral serio en Tenerife fue el de director de CAPSA, empresa encargada de gestionar el Puerto de Tenerife. A pie de mar adquirió las tablas necesarias para aceptar un nuevo encargo profesional que durante su largo ciclo político defendió como una solución de futuro para combatir las aún verdes amenazas del cambio climático. Unelco lo ficha como jefe de Nuevas Energías (renovables) y, poco a poco, su discurso se va afilando en esa dirección. «Vivimos en un lugar privilegiado para aprovechar lo que nos ofrecen las renovables», repetía cada vez que alguien le planteaba hacia dónde se movía el Archipiélago. Él y otros especialistas del sector privado ya estaban siendo tentados por ATI para abanderar la que sería la primera gran aventura nacionalista en el Cabildo, tras la caída del socialista José Segura. Adán Martín se convirtió la referencia de un bando en el que ya asomaban piezas destacadas como Paulino Rivero, José Carlos Francisco o el propio Ricardo Melchior, que enseguida entró a formar parte de su guardia pretoriana y a sumar méritos de cara a un ascenso.
En su primera vicepresidencia del Cabildo de Tenerife asumió el rol de consejero de Planificación y Desarrollo Económico (1987-1991). En su segunda experiencia cambió de área para colocarse al frente Agricultura y Desarrollo Económico (1991-1995) y, antes de que su partido le entregara la responsabilidad de liderar una lista insular, vicepresidente y consejero de Agricultura y Aguas (1995-1999). Llegaron los cambios. Adán Martín subió un escalón a nivel regional para situarse en la presidencia y él tomó el testigo con solvencia: los 150.000 votos que sumó en las urnas le dieron la razón a los que vieron en él al hombre fuerte de CC en Tenerife. Como gran conocedor del sector primario, sus primeras decisiones llegaron como agua de mayo para los ganaderos y agricultores, pero él sabía que el partido se empezaba a jugar en las reuniones en las que se hablaba de renovables, movilidad y nuevas tecnologías. Lo del turismo era algo que venía de serie en el «traje» de Tenerife y los cambios fueron muy puntuales. No se llegó a descuidar a la gallina de los huevos de oro, pero en su cabeza ya estaba maquinando asuntos que puso en práctica durante su segunda legislatura. La que arrancó en 2003, justo un año antes de ser elegido senador por la Isla de Tenerife en la VIII Legislatura.
El triunfo de Melchior en Tenerife había sido incontestable (atrapó más de 170.000 votos para su segundo mandato) y en las filas de su partido armaron un quinteto para dar guerra en la Cámara Alta. Alfredo Belda Quintero, Félix Ayala Fonte, José Luis Perestelo, José Mendoza Cabrera y él se convirtieron en las voces de las Islas a la hora de defender temas que tenían que ver con mejoras en áreas tan estratégicas como industria, turismo y comercio; el medioambiente o la investigación científica y el desarrollo tecnológico. Se estaban poniendo los cimientos de lo que hoy se presenta como una realidad que va anudada a los avances desencadenados por la Inteligencia Artificial (IA).
El líder nacionalista tomó el relevo de Adán Martín en 1999 y completó cuatro legislaturas en el gobierno insular, una de ellas la compaginó con el Senado
Casi todas las opiniones que se produjeron en cascada tras conocerse la noticia del fallecimiento de Ricardo Melchior apuntaban a su espíritu transformador y renovador. Muchos, incluso, decían que era como un Mercedes Benz: máxima fiabilidad para la conducción de unas políticas que en los últimos cuatro años de estancia en el Cabildo se viraron por completo hacia el mundo de la movilidad. Y es que Ricardo era un defensor no sólo del tranvía, sino del Tren del Sur. «Se tenía que haber planificado muchos años antes, ya llegamos tarde», repetía en casi todas las entrevistas con la pena de un visionario al que no le habían hecho mucho caso. Unas veces, porque los dineros que se reclamaban en Madrid para activar el transporte guiado en las Islas [su posición en este asunto era regional] nunca llegaban y otras, porque el día a día no permitía planificar a largo plazo.
Algo más que turistas
Convertir a Canarias en una comunidad competitiva, no sólo a la hora de captar turistas, fue una de las cuestiones que generó unas posiciones de acercamiento entre los cabildos de Tenerife y Gran Canaria, que históricamente habían tenido más desavenencias que encuentros. Esta idea se vio reforzada en noviembre de 2016, durante la visita que el presidente Bill Clinton realizó a la Isla. Entonces, el discurso del estadounidense llegó en clave regional para defender la idea de que «Canarias es el lugar que el mundo necesita para llegar hasta África», es decir, que la mejora de la conectividad siempre acababa apareciendo sobre la mesa de trabajo. Entonces también charlaron y conocieron sobre el terreno los avances en energía eólica que se estaban produciendo en la vertiente sur de la Isla. «Canarias es un territorio que debe aprovechar mucho más esta fuente de energía», subrayaron en un encuentro anterior a un partido de golf entre Melchior y Clinton. Nunca se supo quién ganó aquel mano a mano, pero durante unos días las Islas formaron parte de la agenda de trabajo de los altos ejecutivos de la Casa Blanca. En el Auditorio de Tenerife se habló de tú a tú de acabar con la extrema pobreza, reducir el calentamiento global y promover prácticas de buen gobierno entre las democracias más avanzadas. Igualito que lo que está pasando en la actualidad con Donald Trump. Ricardo Melchior, entonces, ya lo tenía claro: «Si gana Trump, sería algo terrible», aseguró antes de que los norteamericanos tuvieran que acudir a las urnas para entregar en bandeja [eso sí, con menos holgura que la última vez] la presidencia al conservador.
Tanto en Tenerife como en Madrid defendió que las Islas debían prepararse para dar un salto cualitativo en materia de innovación tecnológica y comunicaciones
Las renovables, pues, siempre estaban en la hoja de ruta de un político que en el año 2002 fue nombrado doctor honoris causa en Ciencias por la Universidad Nacional de Irlanda, en un acto que se celebró en el salón de actos del University College de Cork.
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