El tiempo es igual para todos, pero lo que hacemos con él marca la diferencia. Con un esperanzador vídeo inicial en el que aparecían referentes de la cultura de Canarias como Carlos Nicanor, Maribel Nazco, Carlos Pedrós o Jonatán Rodríguez, dio comienzo ayer la gala de entrega de los Premios CajaCanarias 2025, con la que el Espacio Cultural de la Fundación CajaCanarias en Santa Cruz de Tenerife se vistió de gala. Una decena de representantes de las diferentes artes fueron reconocidos por sus propuestas únicas e innovadoras, así como por su contribución a la cultura y la ciencia isleña. A la gala acudieron no solo los finalistas de las diferentes categorías, sino también autoridades y personalidades canarias, que celebraron esta fiesta de la creación cultural.
La gala estuvo conducida por los periodistas Raquel Toste y Carlos Centurión y comenzó con una actuación musical de la cantante grancanaria Raquel del Rosario, quien presentó diferentes temas de su nuevo disco, La voz olvidada. Los premios entregados se han confeccionado como un «compromiso firme con la creación y la cultura» y, convocatoria tras convocatoria, buscan reconocer «el arduo trabajo de los artistas» para que sirvan como catapulta en sus carreras.
El primer galardón en ser entregado fue el Premio de Fotografía Cebrián-Poldo Cebrián CajaCanarias, que recayó en Paisajes de Canarias, de Roberto Casañas. El tinerfeño, doctor en Bellas Artes por la Universidad de La Laguna, alabó la calidad de los proyectos finalistas y recordó que lleva tres décadas haciendo fotografía mientras sale a dar paseos por diferentes parajes de Lanzarote, donde reside actualmente. «Aunque soy feliz haciendo fotos en cualquier sitio, este premio también me llena de satisfacción y me motiva para seguir en esa línea», concluyó.
A continuación, el Premio de Cortometraje Manolo Villalba incluyó tres modalidades: documental, ficción y animación. En el primer caso, recayó en De interés insular, de Marta Torrecilla González. La ganadora es arquitecta y artista multidisciplinar y reconoció que el otro cortometraje finalista, de Fátima Luzardo, estaba muy relacionado con el suyo, ya que ambas tratan la problemática ambiental. «Este corto me está dando muchas alegrías y me ayuda a confiar en seguir haciendo cosas», dijo y concluyó: «El arte puede servir para mucho, para hablar de nuestro contexto y destacar la importancia de cuidar un territorio como Canarias, con recursos limitados».
En la segunda categoría ganó Inmaculada, del cineasta Amos Milbor. Nacido en Las Palmas de Gran Canaria, Milbor estudió en la Universidad Complutense de Madrid. Agradeció este premio a todo su equipo porque «el cine es un trabajo en el que interviene mucha gente, aunque sea un cortometraje», y puso de relieve todas aquellas actividades que promocionan el arte hecho en Canarias.
Finalmente, el premio a mejor corto animado recayó en Mundo pecera, de Marco Antonio Toledo Oval. Natural de Tenerife, es director de sonido cinematográfico, productor y creador audiovisual, fotógrafo y docente. Aprovechó su intervención para solicitar que las instituciones públicas fomenten el cine y el resto de las artes a través de subvenciones. «Así evitaremos que ese talento se vaya fuera de Canarias, que es fundamental», concluyó el creador, quien habló de lo complicado que fue el proceso de creación del corto, que le llevó casi dos años.
Tras esta primera tanda de premios, Raquel del Rosario volvió a tomar el escenario del Espacio Cultural santacrucero. «En la vida hay silencios necesarios y yo siempre he seguido mis instintos. Tras tener a mi primer hijo, sentí que tenía que hacer otra cosa más allá de la música. Pero hace dos años, llamó de nuevo a mi puerta, aunque de otro modo», relató la cantante de Gran Canaria, quien le ha dado una gran importancia a la naturaleza y a los ancestros en su nuevo trabajo: «Todo eso me ha hecho volver a casa y fundirlo con ritmos tribales». A continuación interpretó Al golpito, una tema dedicado a su abuela. La propia Raquel del Rosario fue la encarga de entregar el Premio de Música Joven Alberto Delgado CajaCanarias, que este año ha cumplido su octava edición, y fue a parar a la formación Ana Ayala Quartet feat. Cristopher Pérez. Barcelona fue el punto de partida de este quinteto formado por Cristopher Pérez (saxofón), David Muñoz (contrabajo), Kevin Díaz (piano), Rubén Bueno (percusión) y Ana Ayala (líder y flauta). Ayala recogió el galardón y destacó el trabajo diario que hay detrás de un proyecto musical, y por eso se lo dedicó, en primer lugar, a los otros finalistas en la misma categoría. «Es primordial que creamos en el arte con la situación actual que se vive en el mundo, porque los artistas tenemos muchas cosas que contar», concluyó.
El Premio de Investigación Agustín de Betancourt es uno de los más antiguos entregados por la Fundación CajaCanarias y lo ganó en esta ocasión Paula Belén Barbero por su proyecto Trabajo y educación infantil en el mundo rural de Tenerife al final del siglo XVIII. La historiadora especializada en Historia de la Familia en Canarias afirmó que este trabajo se prolongó durante más de cinco años y agradeció el galardón a su familia y a su isla «por sufrir mis ausencias». También reclamó la necesidad de que las instituciones públicas «financien la calidad científica de los jóvenes».
El Premio de Artes Plásticas Manolo Millares, dotado con 5.000 euros, recayó en la obra Body Horror I, de Maï Diallo. Esta artista visual graduada en Bellas Artes desarrolla su trabajo en el ámbito del arte contemporáneo e indicó que este reconocimiento «es emblemático» para la comunidad canaria, por lo que aprovechó la oportunidad para dedicarlo a todas las personas que la han acompañado en su trabajo. «Los creadores tenemos la responsabilidad de no abogar por el silencio ni el olvido, ser críticos y poner el foco en las problemáticas que nos permitan rediseñar un futuro mejor», finalizó.
Como no podía ser de otro modo, esta cita también dedicó un momento a la memoria del pintor recién fallecido Cristino de Vera. No en vano, el artista da nombre a uno de los espacios que la Fundación CajaCanarias posee en La Laguna. Así, a la proyección de un vídeo en el que se recordaron algunas de sus profundas contribuciones le siguió una intervención del periodista tinerfeño Juan Cruz, quien afirmó que De Vera había conseguido parar, con su pintura, el tiempo. «Sus cuadros apelan a lo más esencial de los hombres, aquello que nace del silencio y va al silencio», expresó el también escritor quien dijo de su pintura que «es una mirada exigente sobre el tiempo y la quietud».
A continuación se entregó el Premio de Poesía Pedro García Cabrera CajaCanarias, que recayó en esta ocasión en Román de Jesús del Pino González por Como el miedo de un molusco sin concha. El grancanario, quien ha participado activamente en diversas iniciativas y encuentros poéticos a lo largo de su trayectoria, reconoció que ser finalista ya era todo un privilegio. «Es una motivación grande para seguir escribiendo desde la intemperie porque escribir es perseverar cuando nadie responde», indicó.
Con respecto al Premio de Relato Corto Isaac de Vega, el galardón lo obtuvo María Laura Dueñas González por la obra Metaloides. La historiadora y docente compagina su trabajo con la escritura creativa y agradeció el reconocimiento a su familia y amigos. Reivindicó la función primordial de sus compañeros docentes y aprovechó para solicitar que se cuide una isla como Tenerife. El último de los premios entregados fue la 41º edición del Premio de Novela Benito Pérez Armas CajaCanarias, con una dotación de 7.000 euros, que recayó en Víctor José Ruiz Guzmán con su manuscrito Nudo. El tinerfeño recordó que «nos encontramos en un momento crítico y la cultura es una forma de resistencia». Habló de su novela, un texto que se mueve en el territorio de la extrañeza y celebró haber resucitado para la aventura de la escritura.
Tras una nueva actuación de Raquel del Rosario, quien interpretó su emblemático tema Esta soy yo, la Fundación CajaCanarias entregó, por segundo año consecutivo, su Distinción Honorífica. En esta edición se hizo entrega de dos premios de manera excepcional. La Distinción Honorífica concedida a una entidad fue para la Orquesta Sinfónica de Tenerife y la recogió el presidente del Patronato Insular de Música, José Carlos Acha, quien habló en nombre de los centenares de personas que componen esta formación, que tiene sus orígenes en 1935. Tuvo palabras de recuerdo para Enrique Rojas, quien falleció recientemente y fue gerente de la Orquesta en un momento crucial.
La Distinción Honorífica individual recayó en el botánico Wolfredo Wildpret, quien logró que el público se pusiera en pie para ovacionarle. En su intervención, recordó su vinculación a lo largo de los años con CajaCanarias. «Por esta escena han pasado referentes de la cultura y me alegra ver ahora este recinto lleno de talento», celebró el científico quien afirmó que «no hemos perdido la batalla y podemos seguir pensando que el futuro puede ser un lugar mejor que el presente».
Finalizó el acto el recién nombrado presidente de la Fundación CajaCanarias, Humberto Orán, quien se mostró a disposición de la sociedad canaria. «Les convoco a todos a la gala de entrega de los Premios 2026», concluyó Orán minutos antes de que finalizara el acto.













