El PP lleva al extremo su estrategia de desgaste a Sánchez: «Están alimentando al monstruo»

La segunda parte de la legislatura es una colección de infortunios para el Gobierno, que pone toda la carne en el asador para capear el temporal político y social. Las buenas noticias son líquidas, empujadas al desagüe a una velocidad tal por la corriente que supone la actualidad. Este 2026 ha arrancado con el mismo envoltorio que el pasado ejercicio, añadiéndose la tragedia ferroviaria de Adamuz. Catástrofe que la oposición trata de capitalizar para convertirla poco menos que en la DANA de Pedro Sánchez y de Óscar Puente. El Partido Popular y Vox han apretado las tuercas al Ejecutivo incluso con el Estado sumido en el luto, digiriendo aún la pérdida de 46 personas en el primer accidente de la alta velocidad española en 33 años. La postura de las derechas, a pesar de sus decibelios, no sorprende en Moncloa, desde donde resuelven con cierto hartazgo que es el “modus operandi” de Génova. Ya sea en la oposición o en el Gobierno. “Van pasados de frenada desde siempre”, comentan fuentes gubernamentales consultadas por ElPlural.com.

El Gobierno observa la enésima ofensiva del PP entre la inquietud y la rutina, cimentada sobre los carriles de una tragedia ferroviaria que para Moncloa era difícilmente evitable. La narrativa que rebota entre las paredes del Palacio presidencial no es diferente a la que los diferentes miembros del Consejo de Ministros airean en público. Exculpan, defienden y blindan la labor de Óscar Puente tanto antes del accidente como durante la gestión de la enésima catástrofe que golpea al país en estos ocho años. Altos cargos del Ejecutivo reiteran esta versión de los acontecimientos en conversaciones con este periódico, lamentando por enésima vez que el primer partido en votos del país se dejó el sentido de Estado por el camino y no hay visos de que lo recupere.

Arma política

Así se expresan las fuentes consultadas, que ya ni siquiera ensayan su asombro. Consideran que el PP hace tiempo que cruzó una peligrosa línea que con el accidente de Adamuz ha crecido un nivel más. Insisten en privado en que no todo vale para recuperar el poder y mucho menos convertir en munición política el accidente del Iryo, máxime cuando tanto el ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, como el resto de componentes del Ejecutivo han aportado todo tipo de documentos probatorios de que no “había nada incorrecto”  y que “todo estaba en orden”. Pese a todo, conservadores y ultraderechistas reclaman dimisiones al más alto nivel sin aportar argumentos que respalden esas exigencias.

Las fuentes consultadas asumen el relato de Génova como un clásico de la gestión de catástrofes en el país. Es – apuntan – su “modus operandi” en el Gobierno, pero sobre todo en la oposición. Encapsulan su discurso entre las paredes de un multiverso construido dentro de una burbuja política que no se corresponde con la realidad. “Hablan desde su propio universo. Cualquiera que les escuche pensará que viven  en una realidad que no existe”, se queja en privado un alto cargo del Ejecutivo, que denuncia que el principal partido de la oposición cimente su ofensiva sobre un suceso dramático para llegar a Moncloa en 2027. “Es lo que hacen siempre”, apuntalan estas mismas voces mientras recuerdan episodios similares en el pasado.

A su modo de ver, el discurso de los populares no encaja con la realidad de los hechos. Es el principal “problema de fondo”; máxime cuando adoptan la postura de exigir responsabilidades pidiendo la cabeza de un presidente o un ministro. “Cuando se dicen estas cosas, tienen que justificarlo y no pueden hacerlo”, precisan, al tiempo que subrayan que el relato cojea al carecer de una base sólida. Asumen  que hay tragedias que sí son evitables, pero el caso de Adamuz se aleja de tales parámetros porque toda la gestión previa y posterior al accidente ha sido la idónea. “Los accidentes se gestionan”, redunda otro alto cargo de Moncloa.

El ‘monstruo’ de Vox

A pesar de la intensidad de la presión de los populares, en Moncloa confían en que el efecto se revierta en el marco de la eterna competencia en la derecha con Vox. Tienen claro que entre el original y la copia, el electorado suele decantarse por la fragancia primigenia. Dicho de otro modo, creen que el relato de Génova no hace sino “alimentar a un monstruo” que les acabará devorando. De hecho, barruntan que el Partido Popular podría pagar cara esta ofensiva en la propia Andalucía, donde su presidente, el conservador Juanma Moreno Bonilla, se ha desmarcado del discurso incendiario de confrontación parapetándose en la moderación y cooperación con Moncloa; aunque esta subtrama tiene una lectura de carácter interna en la lucha con Isabel Díaz Ayuso por el trono de Feijóo en el medio plazo. Al margen de la lectura que apunta a la gestión silenciosa como resorte para dejar atrás la crisis de los cribados.

Cuestiones internas al margen, en Moncloa sugieren que el Partido Popular lleva un tiempo abonado a la tensión constante del debate público hasta el punto de favorecer al crecimiento de la ultraderecha. La escalada verbal – continúan las mismas fuentes – y la constante búsqueda de polémicas no solo erosionan la convivencia política, sino que también pueden volverse en contra del propio Partido Popular. “Puede que terminen siendo responsables de que ese monstruo se los coma”, resumen gráficamente.

Polémica “artificial”

La estrategia de desgaste del PP no se limita al accidente per sé, sino que en los últimos días se ha incrementado el nivel de decibelios con los actos oficiales y el funeral. Los populares han buscado que el eje del debate se teledirija hacia los gestos, los saludos y las presencias o ausencias institucionales. Una polémica que en Moncloa describen como completamente artificial o directamente “falsa”. Y es que apuntan a que uno de los socios habituales de Génova, Santiago Abascal, tampoco asistió al homenaje a las víctimas de Adamuz de esta semana sin que haya copado el más mínimo hueco en la actualidad mediática.

En cambio, el Partido Popular afilaba sus cuchillos para lanzarlos contra el presidente del Gobierno y los miembros de su Gabinete en un nuevo intento de deshumanización, asumen. Las fuentes consultadas lamentan que siembren una política de “tirarse los trastos a la cabeza” sin atender a los hechos objetivos. Es decir, obviando todo tipo de debate sosegado y de respeto institucional, sobre todo cuando no hace ni dos semanas desde que perdieran la vida 46 personas.

En consecuencia, en Moncloa reiteran que el PP “va pasado de frenada” y que ha optado por una oposición sin matices, en la que cualquier suceso es susceptible de convertirse en un escándalo político. Una estrategia que, según el Ejecutivo, se basa en exagerar, distorsionar y construir relatos alejados de la realidad. Entre tanto, la respuesta del Ejecutivo pasa por la defensa férrea de los servicios públicos tras el accidente y rechaza, a golpe de fact check, las acusaciones lanzadas desde la oposición.

 

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