El tomillo, el romero o la lavanda son plantas habituales en España y que desde la más remota antigüedad forman parte de la medicina natural. Sin embargo, hoy en día, estas plantas aromáticas son objeto de un estudio cada vez mayor por parte de los científicos, debido a sus propiedades favorables para la salud.
«En una era de creciente resistencia microbiana a los antibióticos, se hace cada vez más hincapié en la necesidad de introducir en la terapia productos antimicrobianos a los que los microbios aún no han desarrollado resistencia», afirma Malwina Brożyna, de la Universidad Médica de Breslavia (Polonia). Desde hace casi una década, investiga las propiedades de los aceites esenciales y su potencial terapéutico.
Como destaca la investigadora, cada aceite es un conjunto complejo de moléculas químicas que actúan de forma simultánea y multidireccional sobre las células bacterianas.
«Se puede considerar como una especie de cóctel antimicrobiano: una mezcla de compuestos naturales que, en terapia combinada, no solo puede aumentar la eficacia de los antibióticos, sino también reducir el riesgo de resistencia a ellos«, explica.
Conjunto de aceites naturales / Agencias
En un estudio reciente, un equipo de científicos examinó los efectos de los aceites de tomillo y romero sobre la bacteria Staphylococcus aureus, bien conocida por los médicos: es responsable de muchas infecciones de la piel y heridas, y algunas de sus cepas son altamente resistentes al tratamiento.
Resultados sorprendentes
Los experimentos se llevaron a cabo en condiciones lo más parecidas posible al entorno real de la herida. Los resultados sorprendieron a los investigadores: el aceite de tomillo mostró una actividad antimicrobiana significativamente mayor en este entorno que en un medio de laboratorio estándar, mientras que el aceite de romero mostró la opuesto.
«Estas diferencias demuestran cuánto afectan a su eficacia las condiciones en las que se lleva a cabo la investigación«, explica Brożyna. «Si queremos que los aceites esenciales encuentren realmente una aplicación clínica, necesitamos diseñar experimentos que reflejen lo que ocurre en el cuerpo, no solo en un tubo de ensayo», añade.
Aunque los aceites esenciales no pueden sustituir a la farmacoterapia clásica, sí pueden complementarla, especialmente en el tratamiento de infecciones locales»
Las diferencias entre las cepas bacterianas resultaron ser igualmente importantes. Algunas reaccionaron con mucha intensidad, otras no. Esto confirma que, al analizar la eficacia de los aceites, debe tenerse en cuenta la variabilidad intraespecie de los microorganismos.
Garantizar un método científico
El equipo de Wroclaw señala que la fascinación por los aceites no debe eclipsar la necesidad de un método científico riguroso. De ahí la idea de una «administración responsable de los aceites esenciales»: un conjunto de normas que definen cómo probar y utilizar los aceites de forma responsable.
«La idea surgió cuando me di cuenta de que una gran cantidad de estudios no estandarizados, basados en métodos inadecuados, paradójicamente ralentizan la introducción del tratamiento con aceites en la práctica clínica«, afirma Brożyna.

Los aceites naturales están faltos de una regulación clínica eficaz / Agencias
Su equipo desarrolló directrices metodológicas detalladas para evaluar la actividad antimicrobiana de los aceites. El objetivo es garantizar que todos los investigadores, independientemente de su laboratorio, puedan obtener resultados fiables y predecible. Este es el primer paso hacia la creación de estándares internacionales de investigación y una evaluación clínica realista de la eficacia de estas sustancias naturales.
PUMA: el laboratorio del futuro
La investigación se lleva a cabo dentro de la plataforma PUMA (Plataforma para Aplicaciones de Modelos Únicos), dirigida por Adam Junka. Esta unidad desarrolla modelos biológicos y de bioingeniería que permiten probar la eficacia de antibióticos, antisépticos y compuestos naturales en condiciones similares a las de infecciones reales.
«PUMA es un entorno donde combinamos microbiología, bioingeniería y tecnologías modernas para estudiar los procesos biológicos con la máxima fiabilidad», explica la Brożyna. También se prevé implementar modelos basados en inteligencia artificial para ayudar a predecir la eficacia de las sustancias que se están probando y optimizar el proceso experimental.
Aunque los aceites esenciales no pueden sustituir a la farmacoterapia clásica, sí pueden complementarla, especialmente en el tratamiento de infecciones locales. Sin embargo, antes de que puedan utilizarse en la práctica clínica, será necesario desarrollar formulaciones estables y una estandarización completa.
El mayor desafío es la variabilidad, tanto química, derivada del origen de las plantas, como biológica, relacionada con el comportamiento de las bacterias. Por lo tanto, como enfatiza Brożyna, se necesita un enfoque responsable y basado en la evidencia.














