Es el momento de un cambio de marcha. La lesión de Pedri abre una oportunidad para que Marc Bernal pueda acumular minutos de calidad en su proceso de retorno a la competición. Hansi Flick está gestionando con rigor sus pasos para volver donde estaba cuando aquella maldita lesión de rodilla en Vallecas nos conmovió. Sin prisa, sin miedo, sin cargas excesivas. Tiene 18 años, lo que obliga a consolidar su recuperación definitiva sin riesgo para que pueda seguir desarrollándose futbolísticamente.
En ese camino, ahora aparece un buen tramo para dar un salto de calidad. En el partido de Copa en Santander jugó una hora, su trozo más largo de partido, lo que se puede reforzar próximamente. Sin Pedri, De Jong podría avanzar un poco su posición para ocupar la segunda altura del centro del campo, la del canario. Casadó ha perdido rango y parece que sólo es una solución puntual, Dani Olmo puede ayudar en algún partido, pero es un media punta reciclado. El neerlandés es quien puede asumir más la dirección por su calidad para dar continuidad al balón y su autoridad para convertirse en la referencia del juego. Si Flick elige esa vía, Bernal puede irrumpir como pivote, por delante incluso de la polivalencia de Eric.
Ha nacido para ser el mediocentro del Barça. Alto y fuerte para ganar duelos, delicado técnicamente para ser preciso en los primeros pases, muy rápido mentalmente para tomar buenas decisiones, con un sentido extraordinario para perfilarse adecuadamente según convenga y con el descaro propio de la generación del 2007 (que comparte con Lamine Yamal y Cubarsí) para ser desinhibido en un rol de responsabilidad. Animó al Barça en la segunda parte contra el Copenhague. Con balón para agilizar la circulación, sin él para empujar la presión como ya había propuesto Eric en la primera mitad. A pesar de ser el principal protector de la línea defensiva, no se corta con el pase interior o el remate exterior, que cada vez enseña más. En Santander lo probó y el miércoles volvió a atreverse.
Es el futuro del Barça, pero el presente lo agradecerá. Como mínimo, hasta que regrese Pedri. Siempre al ritmo que marque el talento de Flick para equilibrar las necesidades del hoy con el mañana.
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