Enric Gallego Puigsech (Barcelona, 39 años) no quiere retirarse todavía. El concepto «adiós» no encaja en sus planteamientos, como así demuestran sus declaraciones cada vez que se le pregunta por su futuro. En verano fue clave la insistencia de Álvaro Cervera para que el Tenerife le ofreciera la renovación; y ahora que está respondiendo con confianza, rendimiento y goles, en su porvenir más inmediato no solo asoma la felicidad de poder celebrar un ascenso a Segunda con el representativo, también la posibilidad –muy real– de rebasar con creces sus guarismos anotadores más recientes.
Gallego ya suma nueve dianas, es la segunda fuente anotadora del plantel después del pichichi De Miguel y está en disposición de doblar sus tantos del curso pasado, uno de los más aciagos de su carrera por la traumática caída a los infiernos. Ahora bien, visto con perspectiva, su regreso a la competición de bronce –ya jugó hace años en la extinta Segunda B– le ha venido muy bien. Para recuperar sensaciones, para sentirse importante en su club y para acumular casi todas las titularidades posibles. No en vano, es una costumbre que juegue prácticamente todas las veces que está disponible.
Gallego es un hombre de área, un definidor nato. A punto de completar una decena de goles cuando la temporada acaba de rebasar su ecuador –podría llegar al doble dígito mañana frente al Guadalajara–, el veterano ariete catalán empieza a trazar una curva ascendente en su rendimiento en el contexto de una carrera intensa y con muchos vaivenes.
El 19 blanquiazul jugó para clubes tan modestos como Cornellá o Extremadura, probó fortuna en un ilustre como Osasuna y en otro proyecto potente como el del Getafe, viajó a Huesca sin la suerte deseada y, en busca de reencontrarse consigo mismo, aterrizó en Tenerife en una apuesta a todo o nada. Le convenció Juan Carlos Cordero y el barcelonés firmó un contrato largo, que le cambió la vida. Muchos no daban un duro por su continuidad este último verano, pero la fe inquebrantable de su entrenador y la contraoferta a última hora formulada por la directiva resolvieron favorablemente su renovación. A todas luces, una decisión acertada. Tanto es así que este curso podría ser el más prolífico en goles para Gallego desde que llegó a la Isla. Autor de 12 tantos en su primer curso de blanquiazul, bajó a 11 a la temporada siguiente y se ancló en seis el año del descenso. Ahora, vuelve a brillar. Y se siente querido.
«Todo el mundo sabe que en la Isla soy feliz», declaraba solo hace unos días. Y ahora que se acalla el debate de su edad, subraya que «mejor no hacer ni caso» a las voces que se fijan en el DNI más que en el rendimiento o los goles. «A esas cosas ya no les hago ni caso. Llevo muchos años así, no me importa, para mí es solo un número. Cada día me cuido y más trabajo para estar mejor y que me respeten las lesiones. Si entreno con la máxima exigencia es para estar disponible los 90 minutos –suma muchos partidos completos– y el día que eso no suceda, pues ya veremos», sugiere.
En verano, tras firmar por un año, se mostraba «con las energías cargadas y una absoluta ilusión» por lograr el objetivo colectivo. Nadie imaginaba que podría ser con tanta contundencia, con mayoría absoluta de victorias y un caudal realizador «impresionante», como él mismo admite. Con la mejor diferencia entre goles materializados y encajados en toda la historia del club, Gallego prefiere no mirar a la tabla, sino al corto plazo. «Yo intento venir todos los días a disfrutar, y me lo paso genial porque hay un grupo espectacular». Es la receta del éxito. n











