La crema barata que marcó las meriendas de una generación
Antes de que la crema de cacao Nocilla se consolidara como un referente en desayunos y meriendas en España, existió en los años 80 un producto alternativo percibido como más sencillo y económico que marcó a muchos niños de la época. Según la fuente periodística, este producto se ganó el apodo de “la Nocilla de los pobres” por su precio asequible y amplia presencia en las casas de familias con recursos limitados.
La crema en cuestión no era una versión moderna de Nocilla ni pretendía competir en calidad con ella. Se caracterizaba por tener un sabor menos chocolatero y una textura distinta, más básica, que provocaba opiniones divididas entre quienes la amaban o la evitaban. A pesar de ello, se vendió ampliamente por su coste accesible, especialmente en un contexto económico donde el presupuesto para meriendas infantiles era una preocupación cotidiana.
Un producto pionero que no sobrevivió al auge de Nocilla
El producto fue introducido en España mucho antes de que Nocilla se asentara como marca dominante. La fuente periodística explica que salió al mercado en 1963 de la mano de una empresa local y durante años compitió con otras cremas y productos similares. Tuvo especial éxito gracias a la inclusión de tapas coleccionables con dibujos de personajes populares, estrategia que conectó con los niños y acompañó la experiencia de la merienda.
Nocilla, por su parte, fue lanzada en la España de finales de los años 60 y se popularizó rápidamente gracias a una combinación de sabor, campañas publicitarias y expansión de mercado. Con ingredientes como leche, cacao, avellanas y azúcar, Nocilla se convirtió en un producto con sabor más intenso y una posición más sólida en las preferencias de los consumidores durante las décadas siguientes.
La desaparición silenciosa
A pesar de su presencia en las meriendas de los primeros años de los 80, la crema económica dejó de fabricarse en 1983 sin una explicación oficial por parte de la empresa que la producía. La hipótesis más extendida es que sus ventas no lograron competir con la creciente popularidad de Nocilla y otros productos similares, que ofrecían una propuesta más atractiva para los consumidores.
Con la retirada del mercado, este producto pasó gradualmente al olvido. Hoy, más de cuatro décadas después, son pocos los españoles que pueden recordar su sabor con precisión. En contraste, Nocilla ha sobrevivido y evolucionado, convirtiéndose en un ícono de la cultura gastronómica infantil en España desde su creación en 1967 y consolidándose como uno de los spreads de chocolate y avellanas más reconocidos del país.
De recuerdo nostálgico a icono perdurable
Mientras la crema desaparecida se ha convertido en una curiosidad histórica, Nocilla sigue presente en los hogares. La marca fue desarrollada a partir de la idea de crear una alternativa a las cremas italianas como Nutella y, con los años, ha expandido su gama de productos y sabores. A diferencia de aquella versión olvidada, Nocilla supo adaptarse a los gustos cambiantes y mantenerse vigente entre generaciones.
Hoy, hablar de meriendas en España implica mencionar nombres como Nocilla, que figuran en la memoria colectiva de quienes crecieron con ella. Por el contrario, el producto económico de los años 80 se ha convertido en un ejemplo de cómo algunas tendencias populares pueden desaparecer de forma silenciosa, dejando solo huellas en los recuerdos de quienes las vivieron y en las anécdotas publicadas por medios que rescatan estas historias del pasado.













