A perro flaco todo son pulgas. Es el refrán recurrente si se visita el barrio del Cementerio, en el oeste del término municipal de Alicante, tras el paso de la borrasca Kristin. Se trata de una de las barriadas más vulnerables de la ciudad, donde las chabolas se concentran y el espacio público se observa con deterioro cada día del año.
Esta situación se ha multiplicado después de los fuertes vientos de la borrasca, que en algunos puntos del término de Alicante ha superado los 100 kilómetros por hora y en otros de la provincia ha llegado a alcanzar los 150.
En la calle Vial de los Cipreses, que da acceso al cementerio desde la carretera de Ocaña y enlaza con el tanatorio, algunos de los árboles que dan nombre a la calzada se hallan inclinados e incluso arrancados, provocando un levantamiento en la carretera por la que siguen transitando vehículos. La cinta de precintado cubre los cipreses afectados y el espacio interior adyacente, pero no el exterior, el de la carretera, actualmente afectado.
Carretera levantada en el Vial de los Cipreses, en Alicante. / Héctor Fuentes
Al lado, junto a la sede de una empresa de desguaces, las paredes de madera de una estructura en construcción también han caído tumbadas por la fuerza del viento. La base que las sostenía también se salió de suelo.
Según los vecinos de la zona, las escenas más problemáticas se produjeron el miércoles por la tarde. “Una farola se llegó a tumbar e incluso un cable se partió, y se han caído árboles, ramas y vallas”, dice Mariano Hernández, vecino de la calle Sin Sol, que explica que cuando el temporal amainó pudieron rehabilitar el espacio tras retirar los árboles y las estructuras caídas.
Una farola se llegó a tumbar e incluso un cable se partió, y se han caído árboles, ramas y vallas
En la calle de la Mina, colindante a la anterior, aún se observan árboles tumbados en la carretera que da acceso a las casas. “Llegaron a caer tejados y las chapas de uralita, entramos en las casas para protegernos, pero pasamos miedo”, argumenta otro vecino. Algunos de los árboles se acumulan en los patios y en los espacios que dan a las viviendas, dificultando el tránsito a pie.
Otro vecino, José Fernández, está arreglando las chabolas que se concentran junto al Vial de los Cipreses tras el temporal. “Tenemos para tres días por lo menos”, dice mientras coloca palés de madera en los tejados para soportarlos con la ayuda de otros tres vecinos. “Vino un aire y se nos llevó el agua, la luz, la nevera se cayó y la televisión también”.

Arbol caído en la calle de la Mina, en el barrio del Cementerio de Alicante. / Héctor Fuentes
En su espacio, donde se acumulan tres chabolas, conviven 12 personas que, dicen, “no tienen a donde ir”. Por eso este jueves han hecho varios viajes a la ferretería a por material requerido por las necesidades que se han ido encontrando.
Los bomberos actuaron el miércoles, explican algunos vecinos, para retirar otros árboles que también cayeron. José Antonio Hernández explica que llamó “tres o cuatro veces a Emergencias, pero no aparecieron”, y temió cuando “salieron volando las chapas del techo de una nave cercana y se partieron muchos árboles”.
Según su testimonio, nadie le ayudó, y los bomberos llegaron para retirar algunos de los árboles que los vecinos no podían retirar por sí mismos, dadas las dimensiones. Tras Kristin, el Cementerio aspira a recobrar su normalidad con el trabajo de los vecinos, que se perpetuará unos días más a la espera de que el viento, que todavía siguen, no regrese con la fuerza del miércoles.
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