España ha entrado en el club de los países con un producto interior bruto superior a los dos billones de dólares. Las bolsas y algunos activos se revalorizan pero las incertidumbres internacionales abruman. El PIB es un signo de riqueza colectiva pero dista bastante de dibujar opulencias compartidas. Esa puntualización sirve para afianzar la posición crítica de cualquiera con el Gobierno o la situación actual, independientemente de la convicción política de cada cual. Para unos, esa buena noticia es puro paripé, fachada o trampantojo ya que se diría que los salarios son bajos y que seguimos siendo los pobretones de siempre, con infraestructuras precarias y sanidad pública necesitada de apoyo. Para otros, esa buena noticia de estar en el club de los países de los dos billones de PIB no ha sido aprovechada suficientemente para políticas redistributivas efectivas, lo que se muestra en que los ricos son más ricos y los que tienen dificultades para llegar a fin de mes están en el percentil poblacional más alto. Hasta los médicos y la Sanidad pública se ahogan por falta de reconocimiento y dotación presupuestaria.
Pero lo incuestionable es que en un cuarto de siglo, el PIB español se ha duplicado. El ritmo de crecimiento tras el varapalo del covid en 2020 ha permitido lograr nuevas cotas y pese al ruido político las cifras de paro están en mínimos. Para unos ha sido posible por la diversificación del patrón de crecimiento hacia la tecnología y la sostenibilidad. Otros se niegan a ver esa diversificación ya que la productividad sigue en niveles contenidos y el turismo, los servicios y la construcción siguen siendo puntales de la actividad.
Evolución de la productividad
La productividad ha mejorado pero no una barbaridad, es cierto. Quizá como consecuencia de un incremento notable de la población activa que impide comparaciones con el pasado. Pero aumentó más que la media europea desde 2020. Según datos divulgados por la Fundación BBVA, «entre 2021 y 2024 la mejora de la productividad total explica el 33% del crecimiento del PIB y la intensa creación de empleo -que aumenta un 11,7% respecto al de 2020- que aporta un 60% al crecimiento». La economía es un laberinto de vasos comunicantes y no existe una sola causa para tantas consecuencias. Más población activa y mucha inmigración han permitido alcanzar nuevos umbrales de PIB en el marco de una sociedad cambiante y ecléctica. Pero los salarios siguen bajos para la mayoría, pese al incremento del salario mínimo al que tanto se opone la patronal. La herencia sigue siendo la base que sustenta el ‘gap’ social y la vivienda el tesoro de cualquier familia. Las pensiones son la argamasa con la que los más mayores auxilian las cuentas de los más jóvenes y el consumo.
Gasto público
Las teorías económicas se demuestran empíricamente. Así, la crisis desatada por el covid demostró que el gasto público decidido es imprescindible y positivo para capear cualquier imprevisto. Si se hubiese utilizado en crisis anteriores, como en el caso de la debacle griega del 2009, se hubieran solucionado muchos problemas posteriores. La crisis de desahucios sufrida en España a partir del 2008 podría haberse solucionado con una aportación de recursos públicos incluso moderada (algunos economistas dijeron que con solo 1.000 millones se hubiera evitado).
Vivienda
La crisis de altos precios de la vivienda actual también podría solucionarse o al menos no agravarse con cierto sentido común. Unos opinan que actuando en la oferta y otros en la demanda, depende del prisma conceptual utilizado. Que los extranjeros que comprasen hace algunos años una vivienda de más de 300.000 euros lograsen el permiso de residencia (la Golden Visa) tendía a elevar los precios y fue germen de desequilibrio. El turismo también influye (pisos turísticos mediante). Entender la vivienda como activo inversor es la peor manera de transmitir impulsos deflacionarios a un bien imprescindible. Fomentar la rehabilitación y construcción de viviendas en la España vaciada o en el campo (zonas no urbanizables actualmente) podría animar a abaratar la vida de jóvenes lejos de las grandes ciudades. La tecnología permite el teletrabajo efectivo, reducir movilidad y fomentar nuevas formas de entender la vida. Pese a la batalla política, es posible encontrar puntos de acuerdo y vías para la mejora colectiva. El crecimiento del PIB indica contextos, pero son las políticas las que deben encargarse de traducir magnitudes en soluciones efectivas que se repercutan en mejoras y calidad de vida.
Dólar y tipos en Europa
En la actual coyuntura económica, el dólar está en el centro de atención. La devaluación frente al euro empieza a ser relevante, incluso como para afectar a la política monetaria europea. La cuestión es que si una revalorización del euro hace menos competitivas a las empresas exportadoras europeas quizá el BCE deba tenerlo en cuenta. Quizá con un recorte de tipos que anime la actividad y auxilie las ventas en el exterior. Cierto que la inflación no es problema, ya que las importaciones presionan los precios a la baja, pero un recorte de tipos de interés en Europa podría contribuir a estabilizar la situación. Veremos.













