Andrés Ferrari se ha convertido en el octavo futbolista uruguayo en jugar con el primer equipo sportinguista, si bien es cierto que las relaciones entre el club gijonés y el país charrúa son algo más amplias. El primer vínculo lo encontramos hace más de un siglo, en 1925, con el fichaje de José Monegal como entrenador. El entrenador charrúa venía con un currículum exagerado en el que incluía una supuesta medalla de oro olímpica con la selección uruguaya de la que no había formado parte. Un polémico entrenador fue el primer míster cesado en la historia del Sporting y, por casusas que no somos capaces de atisbar, usaba un segundo apellido que no se correspondía con el real. Las investigaciones del periodista gallego Rubén Ventureira identifican a todo un curioso personaje que compaginó durante un tiempo el fútbol con su faceta de escritor.
El segundo vínculo rojiblanco con Uruguay vino de la mano del gijonés Mino Castro. Belarmino Castro González –con más de una curiosa coincidencia con Quini, no sólo en sus dos apellidos, sino también en su apodo «Brujo» y en haber jugado en el Sporting y el Barcelona–, quien ejerció durante un corto espacio como entrenador del Cimadevilla. En los años cincuenta del pasado siglo se instaló en Uruguay, donde además de regentar una mueblería, ejerció de técnico del Deportivo Español de Montevideo. En 1967 abandonó Uruguay para afincarse definitivamente en Canadá.
En cuanto a los futbolistas uruguayos, el primero en llegar fue el delantero centro Wilmar Cabrera. El ariete era toda una estrella en su país, casi un jugador de referencia en el Nacional de Montevideo, pero en Gijón pasó sin pena ni gloria. De los dos años que firmó con el Sporting (con una cláusula que podía aumentar su vínculo por otros dos más), sólo jugó el primero, la temporada 1987-88, en la que disputó 22 encuentros de liga y anotó 2 goles. En la Copa consiguió otro tanto que no maquilló su fracaso.
Tras Cabrera llegó Gutiérrez, un mediocentro defensivo que pasó sin pena ni gloria. Firmó un año más otro opcional que no llegó a cumplir. Apenas la disputa de 6 partidos de liga y 4 de copa, con discretas actuaciones, fueron su bagaje en Gijón.
El tercer jugador charrúa que jugó con la zamarra de nuestro primer equipo fue Sebastián Eguren, llegado en el verano del 2010 y al que le cabe el honor de ser el único futbolista rojiblanco que logró un torneo absoluto de selecciones nacionales. Fue la Copa de América del 2011. Eguren firmó tres años y, pese a tener un rendimiento aceptable, sólo cumplió los dos primeros. Tras su segundo curso, rescindió su contrato y abandonó el fútbol español para continuar su carrera en tierras americanas.
El lateral diestro Damián Suárez fue el cuarto en llegar y lo hizo en el verano del 2011. No consiguió adaptarse al equipo rojiblanco y , pese a que había constado su traspaso medio millón de euros y firmó un contrato por tres años, rescindió su vínculo con el Sporting tras finalizar su primera y única temporada en Asturias. Posteriormente, rendiría a buen nivel en el Getafe.
Sí cuajó una excelente temporada en su único año con el Sporting el delantero Michael Santos. El charrúa llegó cedido por el Málaga y anotó 17 goles en sus 38 encuentros ligueros. Tras su año en Gijón, el equipo malagueño lo cedió nuevamente, esta vez al Leganés, pese a los rumores (y al deseo de la parroquia de El Molinón) de que volvería a jugar en el Sporting.
Después vino Gio Zarfino, un potente centrocampista que cautivó al público gijonés por su entrega. Pasó dos años en el club asturiano, aunque en el segundo apenas jugó como consecuencia de una lesión de la que costó recuperarse.
El último futbolista de Uruguay que jugó en el equipo rojiblanco hasta la llegada de Ferrari fue Guillermo de Amores. El guardameta De Amores jugó en el club gijonés en calidad de cedido por el Lanús argentino en la segunda mitad de la temporada 2022-23. No tuvo oportunidad de demostrar su valía y tan sólo disputó un encuentro con el Sporting. En el año 2024 debutó con la selección absoluta uruguaya.











