CHUS NEIRA | Luz Casal, la voz para la que la trabaja

Es muy posible que en la aldea coruñesa de Orros, en Boimorto, Luz Casal tenga alguna vecina de esas que siguen desafiando diariamente su longevidad con un vaso de aguardiente en ayunas y la determinación de salir a trabajar al campo cuando el gallinero todavía duerme. La trayectoria de la cantante, su voz, su presencia escénica y discográfica, su arte, recuerda un poco al de esas mujeres, corajudas y resueltas, que uno puede encontrar en cualquier rincón de Galicia. A Luz, como a ellas, no la escucharás lamentarse por la leche derramada ni perderse en ensoñaciones de lo que está por venir. Igual que una gigantesca mujer rural retratada en un mural del sindicato agrario de los años treinta, los afanes de la cantante gallega están solo en su trabajo y sus frutos son fecundos. Así la vimos en las últimas semanas, en el Grand Rex de París o en el Movistar Arena de Madrid, presentando su último disco, Me voy a permitir (y van 18), con el mismo empeño y entrega que lo hizo en el histórico concierto de Amnistía Internacional en Chile en 1990 o cantando por Agustín Lara para Almodóvar un año después de aquello.

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