Tras la aprobación por parte de Alcaldía, el proyecto para la reforma integral del Albergue Covadonga, presupuestado para que comience este año, podrá salir a licitación en días, dentro de una semana, si se cumple la previsión de incluir el trámite en la Junta de Gobierno del próximo martes. Así lo señaló ayer Jesús Martínez Salvador, forista portavoz del gobierno, que señala que el visto bueno al plan, rubricado por la alcaldesa Carmen Moriyón este lunes, es el «penúltimo paso» para una licitación que se lanzará a concurso público en cuanto supere el filtro de la Junta de Gobierno. La reforma superará los cinco millones de inversión y para este año se ha reservado una partida de 1,2 millones. Para su arranque, como ya es sabido, será necesario reubicar a los usuarios en residencia del recurso en un protocolo pendiente de concretar y que se coordinará con la Red de Inclusión Activa (Redia).
El proyecto, como ya es sabido, ha sido diseñado por el estudio de arquitectura de Maximiliano de la Rasilla, cuyo equipo ha ido detallando en estos últimos meses una propuesta que se ha ido consensuando tanto con el propio Albergue como con la Fundación Municipal de Servicios Sociales. A nivel estético, se apuesta por una fachada que priorice, con ventanales a distintas alturas, la entrada de luz natural a todas las estancias, así como generar tres accesos que faciliten la organización de los recursos. La entrada principal será por Sanz Crespo y en los otros dos laterales habrá una puerta propia para el centro de baja exigencia y otra adaptada a personas con movilidad reducida, esta última en el entorno donde está hoy el parking. Se quiere también cumplir con una de las aspiraciones del Albergue, que es dotar a su taller de velas, fundamental para la reinserción de usuarios, de un rincón más propio y diferenciado.
Es previsible que al proyecto ahora aprobada se le pueda incluir alguna modificación superficial. Por ejemplo: en el momento de redactarse el plan, adjudicado a mediados del año pasado, se incluía como requisito habilitar un espacio estancial para las hermanas terciarias capuchinas, que ahora acaban de comunicar –tal y como adelantó este mes este periódico– que abandonan de manera definitiva el inmueble, completando un proceso que ya se había iniciado hacía un par de años, cuando las religiosas dejaron de asumir tareas de gestión.
Sobre plano, para las hermanas se habían diseñado tres habitaciones en la segunda planta y adaptadas para personas con movilidad reducida. Los arquitectos ya habían contemplado, sin embargo, la posibilidad de remodelar estas estancias e integrarlas en el ala de mujeres de esta planta. No se considera que el cambio afecte demasiado al diseño general aprobado en su día.
El futuro Albergue plantea ubicar su área de cortas estancias en la primera planta, con ocho habitaciones dobles y cuatro individuales para hombres y otras cuatro dobles y tres individuales para mujeres, dejando una de cada género adaptada a personas con movilidad reducida.
En la segunda planta, para estancias más largas, se plantean habitaciones individuales, 12 para hombres y 7 para mujeres, reservado una de cada con criterios de accesibilidad. Serían en total 53 plazas. Las habitaciones dobles, por su diseño con un baño en el centro, permiten espacios privados, facilitando así el objetivo del Albergue, que busca un acompañamiento más personal a sus usuarios para ayudarles a retomar un proyecto de vida propio.
Los técnicos contemplan, por último, crear una cubierta plana que permita instalar placas solares. Todo el edificio, de acuerdo a la nueva normativa, ahondará en criterios de eficiencia energética.
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