Gran Canaria despide a uno de sus vecinos más entrañables e históricos. Ha fallecido Juan Ramírez, el legendario vigilante de la Presa de Soria, el único que conoció esta infraestructura desde que comenzó a construirse a principios de los años 60. Su vida y la del mayor embalse de Canarias estuvieron íntimamente entrelazadas durante más de seis décadas.
Juan llegó al barrio de Soria en 1958, con apenas 24 años, tras participar en la construcción de la carretera que conecta Cercados de Espino con este aislado paraje de Mogán. Cuatro años después, se incorporó a las obras del embalse como albañil, y en 1972, cuando concluyó la construcción de la presa una obra monumental de 122 metros de alto y 32 millones de metros cúbicos de capacidad, asumió el papel de vigilante oficial, que desempeñó hasta su jubilación en 2019. Sin embargo, nunca dejó del todo su labor de custodio.
Subir 628 escalones cada día
Su día a día se contaba en escalones: 1.256 peldaños a pie cada jornada, sin quejarse, sin descanso. Juan abría y cerraba la compuerta, vigilaba que nadie infringiera normas y velaba por la seguridad del embalse. Nunca vio la presa completamente llena.
Huérfano desde joven, Juan supo lo que era el sacrificio desde muy temprano. Trabajó en lo que pudo hasta que Soria le cambió la vida. Allí echó raíces con su esposa, la artesana Pino Lorenzo y formó su familia. Aunque su vivienda en la zona fue cambiando con el tiempo incluso pidió ser trasladado por el ruido de un bar, nunca abandonó Soria. Allí crió a sus hijos y vio crecer a sus nietos.
El incendio de 2007 y su firmeza hasta el final
Uno de los momentos más difíciles para Juan fue el incendio de 2007. Las llamas devoraron el paisaje, pero su casa resistió.
En sus últimos años, ya con problemas de movilidad, decía: «Yo creo que esto me lo hizo el Señor para que no bajase más, no vaya a ser que me caiga”. Aun así, seguía pendiente de todo lo que ocurría en la presa, incluso de los rumores sobre el proyecto hidroeléctrico Chira-Soria. «Desde que tengo recuerdos existe algún proyecto en la presa, pero nunca llega. Ya llegará», decía con resignación.
Un legado que se queda en la roca
El velatorio de Juan Ramírez se celebra en el Tanatorio El Horno y el entierro será mañana a las 16:30 horas. Quienes compartieron con él caminos, obras, familia y amistad, despedirán al hombre que custodió en soledad durante más de medio siglo uno de los tesoros hidráulicos más emblemáticos del Archipiélago.
Con cada piedra, cada paso, cada jornada bajo el sol del sur de Gran Canaria, dejó una huella indeleble en la historia del municipio y de la isla. “Y cuando me muera, aquí dejo la presa para el próximo que venga”, dijo una vez. Así será.













