La situación en la autopista AP-7 ha vuelto a complicarse este miércoles. La vía ha sido cortada de nuevo en un tramo de tres kilómetros y medio a la altura de Gelida (Barcelona), en sentido sur, debido a que los trabajos de consolidación del talud que se desprendió el pasado mes de enero afectan ya a la totalidad de la calzada. El director del Servei Català de Trànsit (SCT), Ramon Lamiel, ha confirmado la medida y ha estimado un «horizonte de quince días» para la finalización de las obras, aunque ha matizado que este plazo está sujeto a las condiciones meteorológicas.
La decisión del corte total, que afecta al tramo entre Martorell y Castellbisbal, ha sido solicitada directamente por el Ministerio de Transports, organismo responsable de las obras de reparación. Según ha detallado Lamiel, la necesidad de la interrupción completa del tráfico se debe a que «la excavación que se está haciendo hasta llegar a terreno estable afecta también parte del carril de la dreta», el único que permanecía abierto hasta ahora. Como consecuencia, el SCT ha establecido desvíos obligatorios por la autovía A-2 para gestionar el flujo de vehículos en dirección a Tarragona.
Un nuevo revés para la movilidad
Este nuevo corte total representa un significativo paso atrás en la recuperación de la normalidad en una de las arterias viarias más importantes de Cataluña. La medida implica no solo un aumento considerable del tiempo de viaje para miles de conductores que utilizan esta ruta diariamente, sino también una mayor congestión en las vías alternativas. La autovía A-2, que ahora absorbe todo el tráfico desviado, experimenta ya un notable incremento de la densidad circulatoria, lo que genera retenciones en varios puntos de su recorrido.
Las autoridades de tráfico han hecho un llamamiento a la paciencia de los conductores y recomiendan planificar los desplazamientos con antelación, así como consultar el estado de la circulación en tiempo real. La clausura total de los tres carriles en sentido sur ha sido una medida de seguridad ineludible para poder garantizar la integridad tanto de los operarios que trabajan en la zona como de los propios usuarios de la vía, ante la complejidad de las tareas de estabilización del terreno.
El origen: un trágico accidente
La problemática actual tiene su origen en el trágico accidente ferroviario ocurrido el pasado 20 de enero en Gelida. Aquel día, el muro de contención de la autopista cedió y se desprendió sobre un tren de la línea R4 de Rodalies, provocando la muerte de un maquinista en prácticas y dejando a varios pasajeros heridos. Este suceso conmocionó a la sociedad y puso de manifiesto la fragilidad de la infraestructura en ese punto kilométrico.
Tren accidentado entre Gelida i Sant Sadurní d’Anoia
A raíz del siniestro, y como medida de precaución ante la evidente inestabilidad del terreno, el Ministerio de Transports solicitó al día siguiente el corte de la AP-7 en sentido sur, entre Martorell y Sant Sadurní d’Anoia. La interrupción inicial fue total para permitir que los equipos técnicos pudieran llevar a cabo una inspección exhaustiva de la ladera y evaluar los riesgos de nuevos desprendimientos, lo que ocasionó graves afectaciones a la movilidad en todo el corredor.
Una reapertura que duró poco
Tras varios días de análisis, el sábado al mediodía se procedió a la reapertura parcial de la vía, habilitando la circulación por uno de los tres carriles. Los técnicos del ministerio aseguraron en ese momento que la medida era perfectamente segura, argumentando que el desprendimiento se había producido en la parte exterior del talud y no afectaba a la base de la calzada del carril izquierdo, el más alejado de la zona inestable.
Esta reapertura parcial supuso un alivio para la circulación, aunque seguía siendo una solución temporal mientras continuaban los trabajos en la zona afectada. De hecho, el propio Ramon Lamiel había manifestado que la apertura de los otros dos carriles, los situados a la derecha y más próximos al área del accidente, era una cuestión «de días». Sin embargo, el avance de las obras de excavación ha revelado que el alcance de la inestabilidad es mayor de lo previsto, obligando ahora a este cierre completo.
Ahora, las previsiones se han alargado significativamente con ese nuevo «horizonte de quince días» que ha marcado el director del SCT. Este plazo, no obstante, es una estimación que dependerá en gran medida de que la meteorología sea favorable y no añada nuevas complicaciones a unos trabajos que se han revelado de una enorme complejidad técnica y que mantienen en vilo la movilidad de miles de ciudadanos.












