Eran alrededor de las seis de la madrugada cuando Eduardo y su hijo, de 28 años, circulaban en una Vespa en la entrada de Sant Mateu. Formaban parte de una concentración de motos de esta popular marca y, como es lógico en ese tramo, iban a velocidad reducida. “Íbamos mi hijo detrás y yo conduciendo la moto”, recuerda. Pero el trayecto terminó en tragedia: “Un jabalí nos embistió”.
El siniestro ocurrió el 17 de julio de 2025. Eduardo sufrió una lesión en un dedo, pero su hijo se llevó la peor parte. “Sufrió un traumatismo craneoencefálico grave”, cuenta el padre. La consecuencia fue inmediata y devastadora: el joven pasó 45 días en la UCI y medio año después todavía sigue ingresado.
Estado en el que quedó la moto tras el siniestro. / Mediterráneo
A día de hoy, el joven continúa ingresado y su recuperación es lenta e incierta. “Todavía ni puede caminar, ni puede comer. Está empezando a hablar, va muy poco a poco”, relata Eduardo. Los médicos, añade, les han advertido de que el diagnóstico definitivo no llegará hasta pasado un año del accidente: “No sabemos cómo quedará”. La familia, que reside en Vila-real, viajaba desde Benicàssim con destino a Andorra. “Estábamos en una concentración de Vespa y nosotros éramos la última moto».
Sobre el momento exacto del impacto, el padre admite que no llegó a ver al animal: “No vi el jabalí”. Sin embargo, cree que el comportamiento del jabalí pudo deberse a una reacción defensiva. “Imagino que nos confundiría con un depredador que le quería hacer daño a él o sus cachorros y nos embistió”. El contraste entre la fuerza del animal y las consecuencias para los ocupantes de la moto es una de las imágenes que más impactan a Eduardo: “El jabalí no se hizo nada; son muy fuertes”.
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Su hijo iba equipado, con casco, pero el golpe fue fatal. “Mi hijo se llevó la peor parte porque aunque iba muy equipado, con casco como es normal, voló con tan mala suerte que se pegó en la cabeza”, explica.
Meses de hospital y una recuperación incierta
Tras el paso por la UCI en el Hospital General, el joven fue trasladado a planta, después a rehabilitación en la Magdalena y finalmente al hospital Consuelo de Valencia, donde permanece ingresado. El proceso, según su padre, está siendo largo y con avances muy lentos. A raíz del accidente, Eduardo asegura que la familia ha intentado comprender qué está ocurriendo con la presencia de jabalíes en carreteras y zonas habitadas. “Como es normal hemos estado informándonos todo este tiempo tras el accidente y hemos visto que hay una plaga enorme de jabalís”, afirma.
En su opinión, la presión en el monte está empujando a estos animales hacia áreas más pobladas. “Además como les cazan en la montaña se están acercando a los núcleos urbanos, donde se sienten más seguros”, añade.
También señala diferencias en las medidas de protección entre municipios. “De Castelló a Benicàssim por ejemplo hay vallas fuera de la carretera para evitar que pasen, pero en Sant Mateu y otros pueblos no”, lamenta.
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