Eran los reyes de las narcolanchas en el Atlántico, dominaban el tráfico de droga en el mar. Operación tras operación, alijo tras alijo. De Sudamérica a Europa, después de dar el trasvase a los barcos nodriza, a toda velocidad desde Canarias hasta el Campo de Gibraltar para que la cocaína tocase tierra. 105 detenidos, 57.000 kilogramos de cocaína introducidos en solo un año, útiles valorados en más de dos millones, 30 embarcaciones, un capo oculto en Dubái… Y doce millones de euros pagados a la familia de un piloto fallecido para comprar su silencio. Son algunas de las cifras de la operación Sombra Negra, uno de los grandes golpes al narco que utilizaba Canarias como punto de avituallamiento.
La operación comenzó hace un año y su primera fase concluyó en junio. Tras semanas de vigilancias y seguimientos, la Policía Nacional logró detener a 48 personas en Gran Canaria, Lanzarote y Fuerteventura en actuaciones realizadas de manera coordinada. Este fue el primer ataque directo al corazón de la red, especializada en introducir cocaína en España a través de embarcaciones de alta velocidad, un método conocido como go fast.
La logística era la siguiente: la cocaína llegaba desde Sudamérica —Colombia y Brasil, sobre todo— en buques nodriza y, cerca de Canarias aunque todavía en alta mar, la pasaban a las narcolanchas con las que contactaban con comunicaciones encriptadas. Esas lanchas —ha desvelado la investigación— podían pasarse un mes entero a la espera en alta mar, surtidas de víveres por otras, los llamados petaqueros.
También usaban un barco abandonado en la trasera del Puerto de Los Mármoles de Arrecife, el Telamón, como plataforma de repostaje. Y de ahí, una vez tenían el botín, directos a Península, con la mayor parte del cargamento.
La Policía no se dio por vencida. El primer golpe no podía ser el único. Seguían operando. Lo sabían. Sombra Negra continuó. Se puso en marcha la segunda fase, que ha durado otros siete meses, bajo una investigación dirigida por el Juzgado Central de Instrucción número 3 y la Fiscalía Especial Antidroga de la Audiencia Nacional.
Comunicaciones encriptadas
El viaje era de ida y vuelta. Antes de poder recoger la droga en mar abierto debían llegar al punto indicado. Y para ello, las embarcaciones de alta velocidad partían de diferentes puntos: Guadalquivir y otros ríos de Cádiz, Huelva o Almería; las costas canarias, Marruecos y Portugal, hasta adentrarse en el océano Atlántico. Allí se encontraban con los buques nodrizas para trasvasar la cocaína y regresar a Canarias o al sur de la Península con la carga.
«Las altas velocidades de las embarcaciones, en ocasiones superiores a los 40 nudos y el uso de comunicaciones encriptadas — terminales satélites, teléfonos móviles de difícil rastreo o un lenguaje codificado para evitar ser detectados por las fuerzas de seguridad— les permitían operar durante las horas nocturnas dificultando las labores policiales», especifica la Policía Nacional.
La estructura de la organización, con sus tentáculos de colaboradores, se extendería desde Galicia a Portugal, Andalucía, Cataluña, Ceuta… pasando por Marruecos y Canarias. En tal, se practicaron 49 registros con la participación del Grupo Especial de Operaciones (GEO) y el Grupo Operativo Especial de Seguridad (GOES). Las entradas se realizaron en Lanzarote (14), Gran Canaria (14), Fuerteventura (2), Algeciras (11), La Línea de la Concepción (7) y Jerez (2).
En ellas se intervinieron 10.400 kilos de cocaína, 70 vehículos, 30 embarcaciones, seis inmuebles, múltiples cuentas bancarias, tres armas de fuego, más de 800.000 euros, dos hexacópteros y material tecnológico de última generación como inhibidores de alta frecuencia, amplificadores de WIFI que usaban para expandir la señal en alta mar, conexiones satélites y 150 teléfonos móviles con carácter encriptado y material náutico.
Entre todos los registros, la Policía Nacional ha atacado al mayor centro de distribución y lavado de activos del Campo de Gibraltar. Esa nave era la encargada de suministrar terminales de comunicación seguros a la mayor parte de narcotraficantes de Andalucía y diverso material de navegación para las travesías en las narcolanchas.
Pero resistir en alta mar no era sencillo. Esta mafia llegó a crear plataformas acuáticas secretas donde los pilotos permanecían incluso más de un mes embarcados realizando varias operaciones. Disponían el momento exacto para los cambios de tripulación mientras se encontraban en el agua. También, como el pecio abandonado de Lanzarote, tenían sus propios centros de almacenaje de combustible, llegando a atesorar más de 100.000 litros.
Eran embarcaciones de menor tamaño —los llamados petaqueros— las encargadas de suministrar tanto la gasolina como los víveres, equipos de comunicación o la propia ropa para los notarios —responsables de la custodia de la cocaína— que acompañaban la droga desde el buque nodriza hasta España.
Cada miembro de la organización, de esas 105 personas detenidas, tenía su propio rol. Otras estaban ubicadas en puntos de control y realizaban labores de vigilancia para determinar la posición de los medios marítimos y aéreos de la Policía Nacional o Guardia Civil. Establecieron una red de puntos de seguridad a lo largo de la costa y estos eran sus vigías.
El silencio de la familia de un fallecido
Pero la droga no era lo único que importaba. El silencio también se paga y a veces más caro. Esta organización llegó a comprar con doce millones de euros a la familia de un tripulante fallecido durante un alijo. Con el dinero garantizaron que mantenían la boca cerrada y que no desvelaban ninguna vinculación con actividades delictivas que les pusiera en riesgo y que permitiese a las autoridades llegar hasta ellos o hasta sus cuarteles.
La travesía mortal ocurrió en el río Guadalquivir, Cádiz, en noviembre de 2024. Una persecución de una narcolancha que impactó con una patrullera de la Guardia Civil terminó con dos ocupantes fugados y un tercero malherido. Falleció a las horas. El capo de la droga, el que estaría detrás de toda esta red, moviendo los hilos presuntamente desde Dubái, logró el silencio en ese entonces. Un año después, gran parte de su estructura ha saltado por los aires.
Las pesquisas han permitido detectar que esta organización criminal era la responsable de la introducción en Europa de 57.000 kilos de cocaína solo en el último año. Y eso sin contar los desembarcos frustrados. Las autoridades portuguesas les interceptaron hace unos meses 6.600 kilos de cocaína a bordo de un semisubmarino.
La operación Sombra Negra —o esta segunda fase— se ha desarrollado con la colaboración de agencias como la NCA británica, la DEA estadounidense, la Dirección General de Seguridad Nacional de Marruecos (DGSN), Europol, el Centro de Análisis y Operaciones Marítimas en materia de Narcotráfico (MAOC-N) y autoridades de Francia, Portugal, Colombia y Cabo Verde. Además, se contó con el apoyo directo del Centro Nacional de Inteligencia, CNI. 105 narcos duermen ya en prisión.











