Desde hace tiempo, los empleados de Renfe y Adif vienen denunciando que trabajan en condiciones cada vez más precarias y que la mayoría de sus quejas son ignoradas.
Para arrojar luz sobre esta situación, en ‘Mediodia COPE, José Luis un extrabajador que ha dedicado 45 años de su vida a la compañía cuenta la degradación que ha sufrido en los últimos años.
José Luis, que ingresó en Renfe en 1980 siguiendo la tradición familiar, ha repasado su trayectoria, desde sus inicios en mantenimiento de infraestructuras hasta su paso como interventor y su trabajo en oficinas.
Un deterioro progresivo
Según José Luis, el servicio comenzó a deteriorarse notablemente hace unos 7 u 8 años, con un incremento constante de incidencias y averías. .
El problema, explica, es que «en vez de arreglar las averías y las incidencias de la vía, lo que se ponían eran limitaciones de velocidad temporales que se llaman». Critica que estas medidas, pensadas para garantizar la seguridad, se prolongaban durante meses, convirtiéndose en un parche en lugar de una solución definitiva.
En vez de arreglar las averías y las incidencias de la vía, lo que se ponían eran limitaciones de velocidad temporales»
Extrabajador de Adif
El propio extrabajador ha vivido en carne propia las consecuencias de esta gestión. Su trayecto habitual al trabajo en tren, que antes duraba 35 minutos, se fue alargando hasta tardar una hora o 55 minutos, algo que acabó por normalizarse.
Estado de uno de los trenes accidentados en Adamuz, Córdoba
La falta de personal y relevo generacional
Otro de los puntos críticos señalados por José Luis es la drástica reducción de personal. Recuerda que cuando entró en los años 80, Renfe tenía casi 90.000 trabajadores, mientras que ahora, entre Adif y Renfe, no llegan a 30.000.
Esta reducción se ha visto agravada por la falta de un adecuado relevo generacional, ya que durante muchos años no se contrató a nuevo personal.
Si nos estamos jubilando los que llevamos 30, 40, 50 años aquí trabajando, quién les enseña a eso la experiencia»
Extrabajador de Adif
Esto genera un problema grave de transferencia de conocimiento. «Si nos estamos jubilando los que llevamos 30, 40, 50 años aquí trabajando, ¿quién les enseña a esos la experiencia? Porque la teoría sí, pero la experiencia no».
Ilustra la situación con el caso de su cuñado, que recibió a una persona nueva para formarla tan solo un mes antes de jubilarse, un tiempo insuficiente en comparación con los 20 años que él mismo pasó aprendiendo de oficiales con más experiencia.
«Cualquier día vamos a tener un accidente»
La consecuencia más grave de esta falta de inversión y mantenimiento es el riesgo para la seguridad. José Luis confirma que el temor a un siniestro era un tema de conversación habitual entre compañeros: «Lo hemos comentado desde hace unos años para acá. […] Lo típico que se dice, no, no, si cualquier día nos vamos a tener un accidente y tal».
Esta preocupación, compartida por maquinistas e interventores, se materializaba en partes e informes que, según le han contado sus colegas, parecían perderse en la burocracia.
A raíz del accidente de Adamuz, se ha puesto el foco en la calidad de las infraestructuras, como las soldaduras de las vías. José Luis, que trabajó en ello, subraya que es una tarea que «lo tiene que hacer gente muy especializada y con una tecnología muy especializada», y que no se pueden hacer «remiendos» ni soldar una vía antigua con una nueva.
Confía en la investigación de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios, liderada por el «muy profesional» Iñaki Barrón, para esclarecer las causas.
Finalmente, sobre los avisos de los maquinistas, el extrabajador de Adif no sabe si los informes «se pierden en el maremágnum» o si los responsables consideran que «tampoco es para tanto».
Lamenta que la inversión anunciada por el ministro «no se ha notado» y concluye con una reflexión sobre el estado general de las cercanías: «La falta de inversión y mantenimiento es lo que nos lleva al caos que ahora estamos sufriendo«.













