Boro

Aunque esta columna se publica el lunes, la escribo varios días antes. Como la vida -el planeta- no se detiene, en ese intervalo ocurren hechos previsibles, pero los imprevisibles, a veces, dejan fuera de lugar cualquier comentario que no tenga que ver con ellos. Esto ocurrió el lunes pasado: cuando todos los noticiarios abrían con el catastrófico choque de trenes en Adamuz, en mi artículo imaginaba sugerentes cambios de imagen para el jamón. Probablemente vuelva a ocurrir lo mismo con éste; cuando ustedes lo lean, vete a saber por dónde habrá discurrido la historia, pero de momento el balance no puede ser más trágico. Evito poner por escrito las cifras que todos conocemos; los que en algún momento de nuestra vida hemos experimentado el dolor por la muerte en accidente de un familiar muy cercano, sabemos del estupor, la incredulidad, la incomprensión y la profunda desolación.

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