Ha pasado una semana del accidente ferroviario que se cobró la vida de 45 personas en Adamuz. Rafael Ángel Moreno llega a la entrevista con gesto serio y cansado, caminar lento y las manos en los bolsillos. Se detiene varias veces a saludar a los vecinos antes de sentarse. Es el primer día que no acude a la zona cero y comienza, poco a poco, a procesar todo lo ocurrido. «Vengo del psicólogo«, dice mientras acerca una silla. Al acomodarse, el teléfono no deja de vibrar. «Es un no parar», añade, esbozando una leve sonrisa.
-El jueves, en la comparecencia de Juanma Moreno, le vi que no podía más. Hoy tiene mejor cara, ¿cómo está?
-Sí, además tengo un catarro… Me está viniendo todo. Tengo mucho cansancio físico y, sobre todo, mental. Estoy tocado. Vengo justo de estar con el psicólogo. Esto es cuestión de ponerse en manos de los profesionales para que te ayuden. Ya me han dado un poco las pautas a seguir y esperemos recuperarnos en un tiempo y estar mejor.
-¿Qué ha sido lo más complicado de todo esto?
-(Resopla) Complicado ha sido todo y nada a la vez. Hemos hecho todo lo que hemos podido y más, pero lo más complicado era decidir por qué ayudo a esta persona y a esta otra no. Ahí, en la zona del accidente, pedían ayuda todos. Estabas sacando a una persona y se oía ‘y a mí, a mí’, y te toca decidir. Es una situación para la que no estamos preparados.
-¿Se vio superado?
-Sí, sí. Hubo un momento, cuando yo iba hacia el tren Alvia —que todavía no se veía ningún tren ni se sabía dónde estaba—, cuando vi los restos cadavéricos, porque ya no eran ni cadáveres. El olor que había… Empecé a tener arcadas y me vi derrumbado. Dije: ‘pero es que yo no vengo aquí para que me atiendan a mí’. Así que me recompuse y seguí corriendo. Luego he estado superado al ver a alguien con la cara ensangrentada y pensar: yo no soy médico, lo único que te puedo decir es que estés quieto, que ya vienen los médicos, no te muevas, vaya a ser que te caigas o pase cualquier cosa peor. Veías a una mujer con la pierna fracturada y pensabas: esto es cogerla y llevármela. Pero luego veías a otra persona con la pierna mucho peor y decías: yo no sé hacer un torniquete y, si me pongo, quizás pueda ser peor. En ese aspecto sí, nos falta un poco… pero es que tampoco somos profesionales de esto.
Rafael Ángel Moreno, alcalde de Adamuz. / Manuel Murillo
-¿Los días posteriores cómo los ha gestionado?
-Al principio estuve de arriba para abajo, con la adrenalina muy alta. Pero los días después han sido una caída libre.
-¿En qué sentido?
-Mentalmente. Físicamente te cansas, pero si descansas estás otra vez bien. Pero mentalmente vas cayendo y no te recuperas.
-El jueves, con el hallazgo de los últimos cuerpos, fue el principio del final. ¿Qué se le pasó por la cabeza cuando llegó a casa y tomó un poco de aire?
Pensaba en el alivio de que por fin habían encontrado a las dos personas que faltaban, que se las iban a poder llevar sus familiares para regresar a casa con su dolor. Era el cierre de esto, sí. Después de la comparecencia, mi equipo y yo recogimos las mantas y éramos conscientes de que esto no se nos va a olvidar nunca.
«Durante la tragedia hemos actuado como personas y no como políticos, y creo que eso ha sido clave»
-Ese momento de cerrar la puerta de la caseta…
La verdad es que el jueves me fui antes. Estaba tan destrozado… El resto de días éramos mis concejales y yo quienes cerrábamos la caseta. Pero el jueves, a las 21.30 horas, les dije: lo siento, pero ya no puedo más.
-Llegó a casa, ¿y qué hizo?
-Estuve devolviendo llamadas. Tengo el móvil colapsado, pero miré las llamadas cuando llegué y a las personas que conozco les escribí. También llamé a mi padre, que se lo llevaron el otro día en ambulancia y está ingresado en el hospital y todavía no he podido ir a verlo. Luego me duché y estuve un rato con mi hija.
-¿La ha echado mucho de menos?
-Mucho. Esto no se te va de la mente y, cuando ves lo que ves ahí y a los niños… inevitablemente piensas en ella.
-¿Hay alguna imagen que se le repita en la cabeza?
-Hay muchísimas (silencio). Pero estoy tratando de no volver a ellas.
-¿Qué le transmitían los vecinos por la calle?
-Los vecinos me daban todo el apoyo del mundo. En los primeros momentos me dio mucha fuerza verlos. Yo llegué de los primeros al lugar de la tragedia y no sabía lo que había fuera ni cómo estábamos respondiendo. Pero empecé a ver caras de gente de aquí enfrascada ayudando y eso me dio mucha fuerza. Qué orgullo que el pueblo haya respondido así.

Rafael Ángel Moreno, alcalde de Adamuz, durante la entrevista a Diario CÓRDOBA. / Manuel Murillo
-¿Teme que el pueblo sea recordado por esto?
-Sí, mucho. Al final es ‘el accidente de Adamuz’ y me duele que mi pueblo sea recordado por eso. Siempre digo que me gustaría que Adamuz fuera recordado por la solidaridad que la gente derrochó, que fue además tan respetuosa… Estos días se ha hablado mucho de buena coordinación y creo que desde el respeto es desde donde empieza la buena coordinación.
-Ha tenido que tomar decisiones muy rápidas. ¿Se ha visto superado?
-Sí, pero no en el aspecto de coordinar; ahí creo que hemos hecho un buen trabajo. Me he visto superado en no estar formado para temas de emergencias. Pero en logística estábamos anticipándonos a la situación. Gestionamos grupos electrógenos, autobuses, organizamos un hospital de campaña… hicimos de todo en tiempo récord.
-¿Lo ha terminado de asimilar?
-Yo creo que no. Hay veces que siento que estoy flotando, como si fuera una pesadilla. Pero son milésimas de segundo.
-¿Teme que con el paso del tiempo llegue el bajón?
-Sí, por eso he empezado a ir al psicólogo, para que me ayude. La primera vez que me acosté fue el lunes después de medianoche, tras más de 40 horas sin dormir. No tenía sueño, llegué a casa y me dormí por puro agotamiento. La noche siguiente fue igual, pero la del miércoles y la del jueves me costó mucho. Me aparecían los pensamientos recurrentes de antes. Tenía claro que algo no iba bien en mi cabeza.
-¿Se ha llegado a derrumbar?
-Me he derrumbado en muchos momentos. Es que somos personas, por mucha responsabilidad política que tengamos. En este caso hemos actuado como personas y no como políticos, y creo que eso ha sido clave. El respeto entre administraciones y lo bien que se ha actuado. Cada uno tenemos nuestro partido y nuestra ideología, pero hemos sido una piña intentando ayudar y poner a disposición todo lo que teníamos. Y eso que yo soy el que menos tiene, porque solo tengo dos policías locales, pero tengo un ejército de adamuceños que han sido capitanes generales.
-Cuando le fallaban las fuerzas, ¿en qué pensaba?
-(Resopla) Yo qué sé. En tirar para adelante y ya está.
«Me gustaría que Adamuz fuera recordado por la solidaridad que derrochó la gente»
-Me ha hablado de los políticos. ¿Alguno le ha sorprendido especialmente?
-La verdad es que todos han estado muy cercanos y preocupados conmigo y mi pueblo. Como anécdota, cuando estaba ayudando en el Alvia el teléfono me empezó a sonar y eran sobre todo medios de comunicación, así que dejé de coger números que no tenía guardados. Entre esas llamadas estaba la del ministro Óscar Puente. Al día siguiente me lo dijo. El martes estuve más de dos horas respondiendo mensajes.
-Se hizo viral una imagen en la que aparecen Pedro Sánchez y Juanma Moreno con chalecos de Adif y del 112, y usted con su jersey.
-(Ríe) Bueno, yo el primer día iba con la ropa que llevaba puesta, no me paré a pensar en nada más. Entiendo que otros políticos y sus asesores sí caigan en esas cosas. El martes cogí un chaquetón que tenía guardado en el coche para que siempre me reconocieran y porque hacía mucho frío.
-¿Ha pensado en hacer algún homenaje que recuerde la tragedia?
-Queremos hacer algo, pero estas cosas hay que pensarlas bien: qué se va a hacer, dónde… Que sea algo bonito para el recuerdo, no triste. Tenemos tiempo para pensarlo y lo haremos con la cabeza más fría.
-¿Qué ha aprendido estos días?
-Lo importante que es ayudarnos los unos a los otros. Cuando hacemos eso, las cosas funcionan bien. Y, sobre todo, espero que los políticos aprendan que, ante una catástrofe, esta es la forma correcta de afrontarla. Sin reproches. Puede haber errores porque somos personas y nos equivocamos, pero cuando alguien lo da todo no se le puede reprochar nada.
-Quizás aquí ha sido la primera vez que ha pasado esto.
-Sí. Es la primera vez que en las administraciones hay un respeto ejemplar. Ojalá sea el principio de una era política basada en el respeto.
-¿Cómo le gustaría que la gente recuerde lo que pasó el 18 de enero?
Por la solidaridad. Que el accidente no sea un estigma para el pueblo. Aquí no somos superhéroes, somos personas que empatizamos mucho entre nosotros. Quiero que nos recuerden así.
-Y a su hija, ¿cómo se lo va a contar?
-De esa forma. Le diré que todos sus vecinos, que su padre y su madre, estuvieron ayudando en la tragedia. Tengo la esperanza de que alguna vida habremos logrado salvar.














