Lo más complicado era decidir por qué ayudo a esta persona y a esta otra no

Ha pasado una semana del accidente ferroviario que se cobró la vida de 45 personas en Adamuz. Rafael Ángel Moreno llega a la entrevista con gesto serio y cansado, caminar lento y las manos en los bolsillos. Se detiene varias veces a saludar a los vecinos antes de sentarse. Es el primer día que no acude a la zona cero y comienza, poco a poco, a procesar todo lo ocurrido. «Vengo del psicólogo«, dice mientras acerca una silla. Al acomodarse, el teléfono no deja de vibrar. «Es un no parar», añade, esbozando una leve sonrisa.

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