César y Octavio han hecho las paces tras el ataque de rabia que sufrió el empresario. El mexicano había perdido a Amanda, justo en sus narices, lo que provocó la ira de Octavio, pero han caído en la cuenta de que les une el mismo enemigo y el mismo objetivo: encontrar sana y salva a Amanda.
Gracias a una pista, han encontrado el lugar donde Saúl se esconde y donde tiene retenida a Amanda. Y justo al llegar, se encuentran al exconvicto. César va corriendo hacia él y consigue placarlo. En el suelo, César se redime y le propina una paliza que deja medio moribundo a Saúl.
Mientras tanto, Octavio entra en el local, buscando desesperado a su hija. Cada minuto cuenta, y el empresario registra de arriba a abajo el lugar. Lo que no sabe es que Saúl ha preparado una trampa, y él será el encargado, sin querer, de activarla.
Amanda grita sin parar, seguramente queriendo evitar que la rescaten. Octavio escucha los gritos de su hija y se acerca a ella. Cuando abre la puerta, un disparo deja a todos helados.
César, que estaba fuera con Saúl, entra al local, temiéndose lo peor. Y cuando llega a la habitación de Amanda, sus pesadillas se vuelven realidad: Octavio sujeta a su hija, con un disparo en el pecho, sangrando sin parar.
La incredulidad y el shock predominan en la habitación. César grita y llora mientras Octavio solo puede mirar a su hija, cuidándola entre sus brazos. ¿Será este el final de Amanda? ¿Le habrá pasado algo al bebé?











