Europa no está indefensa ante las continuas amenazas del presidente de EEUU, Donald Trump. Es cierto que desde un punto de vista militar la supremacía estadounidense es incuestionable y que la OTAN es casi nada sin EEUU, pero el Viejo Continente también tiene armas económicas de enjundia. Y es precisamente esa potencial respuesta económica europea la más temible. Ha llamado la atención esta semana el cambio de actitud de Trump sobre Groenlandia en el Foro de Davos. De mostrarse convencido sobre la inevitabilidad de la compra de Groenlandia, al final pareció contentarse con un acuerdo estratégico que siempre estuvo en la oferta europea. La desconfianza de Europa sigue estando justificada. Hubo unos anuncios sucesivos que parecieron convencer a Trump por sus implicaciones en Wall Street y la economía estadounidense. Fondos de pensiones públicos del norte de Europa (Groenlandia, Suecia, Noruega, Dinamarca…) anunciaron su intención de replantear sus inversiones en acciones y bonos estadounidenses. Y esos anuncios, actuaron como catalizador rápido para bajar los humos de Trump.
Solo en el caso de SISA Pension, que gestiona alrededor de 1.100 millones de ciudadanos groenlandeses, la amenaza que lanzó ya era digna de no ser menospreciada. Actualmente, tiene una exposición de alrededor del 50% en EEUU, principalmente en renta variable pública. Pero SISA Pensión no está sola en sus planteamientos. Los inversores del norte de Europa reevalúan su exposición inversora en EEUU ante los riesgos políticos. La sueca Alecta y la danesa AkademikerPension han vendido o están vendiendo ya bonos del Tesoro estadounidense, alegando mayores primas de riesgo vinculadas a las finanzas del Gobierno estadounidense y al dólar. Van Luu, de Russell Investments, afirmó que cerca del 50% de los clientes del norte de Europa están considerando la posibilidad de reducir su exposición a EEUU. Las acciones estadounidenses se mantienen cerca de máximos históricos, por lo que una venta semicoordinada podría desatar una ola vendedora general.
El efecto Soros sigue estando en el recuerdo de algunos y de los manuales de economía y no puede subestimarse. Los asesores de Trump debieron advertirle esta semana de que quizá sería conveniente mesurar las amenazas. La fortaleza del dólar y del castillo financiero estadounidense que es Wall Street pueden no aguantar salidas de capitales súbitas y coordinadas en tiempos de IA y órdenes de venta automatizadas.
El efecto Soros deriva de la operación que protagonizó este estadounidense de origen húngaro y que le valió para siempre los galones del ‘hombre que doblegó al Banco de Inglaterra’. George Soros (György Schwartz, Budapest, 12 de agosto de 1930) se embolsó en 1992 más de 1.000 millones de dólares apostando a corto contra la libra. Demostró que hasta un Estado puede entrar en problemas ante ataques coordinados contra su moneda.
La respuesta europea a las amenazas arancelarias se ha restringido hasta ahora a la mitigación del impacto de los impuestos al comercio, pero puede ampliarse mucho más allá de la mano de las decisiones de inversión estatales y actitudes por parte de la ciudadanía (el caso del comportamiento de los consumidores ante Tesla fue un aviso).
Según Judith Arnal, investigadora principal en el Real Instituto Elcano y consejera independiente del Banco de España, «la activación de instrumentos comerciales puede generar costes para la propia Unión, incluyendo presiones inflacionistas y efectos adversos en determinados sectores, que no deben minimizarse». Pese a ello, añade que «cuando las medidas comerciales se emplean para influir en decisiones de política exterior y de seguridad que se sitúan fuera del ámbito económico, la ausencia de respuesta no elimina esos costes, sino que desplaza el equilibrio a favor de quien ejerce la presión». Pero medidas financieras que afecten directamente a la cotización del dólar, la reinversión de activos fuera de EEUU y alianzas estratégicas con otros socios económicos (Latinoamérica y Asia, principalmente), son herramientas que tienen efecto precisamente donde Trump se ha mostrado más sensible.
George Saravelos, el analista de divisas de Deutsche Bank, animó esta semana en Davos la polémica sobre la posibilidad de un ataque coordinado contra el dólar si Trump sigue tensionando las relaciones. Este experto advertía de que la posibilidad de nuevos aranceles contra las exportaciones europeas a EEUU podría provocar una «repatriación» de dinero desde Wall Street hacia el Viejo Continente y además reforzaría la cohesión europea. La amenaza de los fondos de pensiones del norte de Europa estaría en esta línea.
Saravelos argumenta que EEUU tiene esa debilidad porque depende de otros para financiarse. Los países europeos tienen del orden de ocho millones de millones de dólares (billones) en acciones y bonos estadounidenses. En caso de conflicto abierto, la repatriación de activos sería un hecho. Más complicado es organizar una macroperación coordinada de ventas de activos y elegir su destino. Pero es seguro que de darse una situación de ese tipo quizá Rusia y China se sumarían a la operación. Y probablemente también inversores deseosos de plusvalías y de poner límites a las locuras de Trump. Ante estos análisis, Trump avanzó en Davos que EEUU no iría a la guerra por Groenlandia y poco después anunciaba que se había alcanzado un preacuerdo. Bálsamo de fierabrás. Europa parece haber encontrado la cura mágica en la que creía don Quijote, un mejunje que en realidad solo causaba vómitos y después un suave descanso reparador.
















