Las intervenciones militares de los Estados Unidos desde el final de la Guerra Fría han proporcionado varias lecciones. Algunas se han aprendido y otras no. Empecemos por una lección aprendida. La mayor pifia de los Estados Unidos en Irak fue aplicar al país la estrategia de ‘desnazificación’ que los aliados usaron en Alemania después de su victoria en la Segunda Guerra Mundial. Esta consistió en hacer una limpieza profunda de la estructura política, administrativa y militar del régimen de Saddam. Al contrario que en la Alemania nazi, donde había gente competente de sobra para sustituir a los depurados, la estructura de Estado de Irak quedó completamente desmantelada, sin reemplazo inmediato posible.
En una de sus múltiples comparecencias de prensa al vuelo que prodiga Trump últimamente, citó el precedente de Irak para explicar cómo su Administración había preferido conservar intacta (una vez eliminado de la ecuación Nicolás Maduro) la estructura del régimen anterior. Por el momento la estrategia está dando excelentes resultados. Ni el país ha caído en el caos, ni las fuerzas represivas de los colectivos han tomado represalias frente a la gran humillación de ver a su líder esposado camino de una cárcel federal. Al contrario, y como por ensalmo, los perros de presa de Maduro se muestran domesticados y cooperativos, rindiendo una pleitesía algo empalagosa al magnate norteamericano.
En cuanto a las lecciones no aprendidas está la sobreactuación en el caso de Irán. Prometiendo que la «ayuda está en camino» y animando a los iraníes a derribar el régimen de los ayatolas, Donald Trump ha alimentado falsas esperanzas en la población iraní. Como pasó en Irak con Bush padre animando a la insurrección frente a Sadam, Trump se ha tenido que tragar sus palabras ante la posibilidad cierta de iniciar un conflicto de mayores proporciones en Oriente Medio. Probablemente las falsas promesas de Trump hayan provocado unas docenas o centenares de muertos extras entre los manifestantes iraníes.
Hay que aprender la lección, ahora y para siempre, de que no se puede derribar una dictadura moderna a base de manifestaciones, una capaz de asesinar indiscriminadamente a los manifestantes. El derribo tendrá que venir necesariamente por otras vías.
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