«Dinamarca no puede proteger esa tierra de Rusia o China». Esta frase, extraída de la reciente carta enviada por el presidente Donald Trump al primer ministro de Noruega, Jonas Gahr Store, contiene el grueso del razonamiento y la legitimidad que blande el magnate neoyorquino para justificar una eventual operación militar de conquista en Groenlandia. Una aseveración que, por el momento, no parece corresponder con el estado de ánimo respecto a esta cuestión en Moscú. Más bien todo lo contrario. Lejos de condenar lo que en otro tiempo sería definido como «expansionismo» o «imperialismo estadounidense», destacados dirigentes y miembros de la élite rusa, además de renombrados propagandistas, están alabando públicamente la determinación del líder de la Casa Blanca, e incluso jalean sus ambiciones.
La voz más autorizada en Moscú que hasta la fecha se ha manifestado a favor de la eventual incorporación del territorio helado a EEUU ha sido la de Dmitri Peskov, portavoz del presidente Vladímir Putin. Y lo ha hecho halagando el ego del actual presidente norteamericano, una de sus demostradas debilidades. Si el movimiento se materializa, Trump «hará historia», aseveró el alto funcionario ruso, evitando deliberadamente emitir juicios morales o evocar la ley internacional: «probablemente incluso podamos abstraernos de si esto es bueno o malo, si cumple o no con el Derecho Internacional». La relevancia histórica del evento, en palabras del funcionario ruso, no solo se limitaría a EEUU, sino que traspasaría las fronteras del país de Trump. «No solo (impactaría) en la historia de EEUU, sino en la historia mundial«, ha concluido Peskov, antes de confirmar que su país «sigue el tema muy de cerca«.,
«Motivos históricos»
En términos similares se ha manifestado Kirill Dmitriev, negociador ruso para Ucrania, a quien se le suponen vínculos personales con la familia de Vladímir Putin. «El presidente Putin entiende los motivos norteamericanos acerca de Groenlandia y comparte algunos hechos históricos para adquirir la isla desde 1860″, ha posteado en X, en tono favorable, el alto funcionario ruso, quien aprovecha esta red social para burlarse de la respuesta mostrada por la UE a las intenciones de Trump. «Colapso de la unión transatlántica; por fin algo que merece discutir en Davos», difundió.
En líneas similares se manifiestan los comentaristas que intervienen en los programas de propaganda de las distintas cadenas de televisión rusas, controladas idas ellas, directa o indirectamente, por el Estado. «Vemos lo que está haciendo este hombre maravilloso; Venezuela, Cuba, México, Groenlandia, Irán, Canadá también está cerca; todo esto forma parte de su esfera de intereses, y todo se determina por un solo elemento: la moral de Trump», proclamó con alborozo Alekséi Zhuravliov, diputado en la Duma Estatal, en el programa de Olga Skabayeva, una de las más relevantes propagandistas rusas. «En este momento, para nosotros, lo más importante es mantener a este hombre en una posición neutral-positiva», continuó.
En la misma emisión, Ígor Korotchenko, presentado como experto militar, dio la bienvenida a la «consistencia» de Trump. «En este caso, debemos respetarla», llegó a afirmar, porque, en su opinión, se está comportando con Dinamarca «como en la fábula del lobo y el cordero». «Dinamarca tiene la culpa solo porque Trump se quiere comer Groenlandia y lo hará», se regocijó, antes de dar incluso consejos sobre cómo la anexión debería tener lugar. «El mejor escenario sería trabajarse a las élites locales, que el Parlamento local se dirigiera oficialmente a Washington y pidiera la incorporación», continuó, una sugerencia que recuerda a la anexión de Crimea por parte de la Federación Rusa.
Trump blande la supuesta amenaza militar rusa y china para justificar una eventual acción de fuerza militar en Groenlandia. Pero al mismo tiempo negocia con Rusia proyectos económicos conjuntos para explotar las riquezas de esta región del globo. Entre varias opciones, se ha hablado ya de la posibilidad de que EEUU adquiera rompehielos de propulsión nuclear de fabricación rusa, el regreso de la compañía Exxon-Mobil a Rusia, que salió del país en 2022, coincidiendo con la invasión de Ucrania, para explotar los yacimientos de Sajalín-2, o inversiones estadounidenses para los puertos de la Ruta Marítima del Norte, que acorta en un 50% las distancias entre el Pacífico asiático y Europa y que cada vez permanece más tiempo abierto a la navegación debido al cambio climático. Frente a todas estas iniciativas, destaca una: la construcción de un túnel que atravesara el estrecho de Bering y uniera Alaska con la costa oriental de Rusia, bautizado ya coloquialmente como ‘túnel Trump-Putin’.
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