A las 19.39 horas de este pasado domingo un tren de la compañía Iryo descarriló a la altura de Adamuz (Córdoba), tras salir a las 18.40 desde Málaga con destino a Madrid. Unos segundos después, en el mismo punto, en la vía contigua, le sucedió a un Alvia de Renfe que iba hacia Huelva. Enseguida, se activó el protocolo de seguridad y sanitario y llegaron las llamadas a los parques de bomberos de la provincia de Córdoba. Primero, en torno a las 19.40, al de Montoro, y luego a los cuatro restantes. Una veintena de bomberos de la provincia acudieron rápidamente al lugar de los hechos. «Nosotros llegamos a las 20.30 horas más o menos», recuerda Ángel Uceda, bombero del Parque de Montilla, uno de los primeros en trasladarse hasta la ubicación del descarrilamiento que ha provocado decenas de fallecidos y heridos.
«Nos dicen que hubo un choque de dos trenes», cuenta a El Correo de Andalucía. Desde Montilla parten cuatro bomberos y rápidamente se ponen al servicio de los sanitarios ya presentes en Adamuz y el resto de personal de seguridad. «En cuanto llegamos, lo primero que hacemos es ver dónde podíamos entrar para ayudar a quien tenía vida. Los médicos iban marcando los fallecidos y nosotros dimos prioridad, dentro del amasijo de hierros que había, a las personas con vida. Fuimos sacando personal de los vagones y asistiendo a los que iban andando por las vías», explica Uceda.
Para estos bomberos, acostumbrados a otro tipo de situaciones, les resulta difícil encontrar palabras que hagan justicia a lo que encontraron. «Si digo que nos echamos las manos a la cabeza, es decir poco. Es una catástrofe que nunca hemos vivido aquí. Es algo fuera de lo normal, la primera de esta magnitud», asegura Uceda, que destaca la coordinación con la Guardia Civil, Cruz Roja, Ayuntamiento de Córdoba y el resto del personal de seguridad.
Este bombero del Parque de Montilla cuenta que una vez te encuentras semejante tragedia, «no te puedes parar a pensar. Es trabajar y trabajar para darle prioridad a las personas». «Trabajamos conjuntamente en los dos trenes, que estaban a una distancia de 800 metros. Había gente atrapada entre los sillones del tren, entre hierros, y tuvimos que abrir huecos para extraer a todo el mundo, en un espacio muy estrecho», continúa describiendo. Frente a la oscuridad, también se desplegaron focos potentes y grandes además de las linternas.
Una noche dura acompañando y asistiendo a afectados
Después llegaron forenses, policía judicial, más efectivos de la Guardia Civil… «Ya sacamos a todos los supervivientes, y desde la noche del domingo hasta este lunes por la tarde estuvimos trabajando, a la espera de si tenemos que volver o no», afirma Ángel Uceda desde Montilla.
Recuerda a la perfección que había «mucha gente preocupada y preguntando», pero ellos tenían la orden de llevarles a todos al puesto de mando para atenderles. «Allí sí se encontraban los compañeros con más situaciones de gente desesperada preguntando por familiares y amigos, y se les habilitaba un número de teléfono para que pudieran preguntar, pese a que se tenían muy pocos datos», rememora. «Nuestra misión era evacuar a todo el personal«, abunda.
Aunque estos bomberos están preparados para cualquier escenario, todo lo sucedido en Adamuz tardarán en olvidarlo: «Hemos visto gente llorando, dolida, y también ha habido que sacar a gente fallecida. Ha sido una catástrofe, es una desgracia. Se te queda marcado».












