El Gobierno laborista del Reino Unido ha dado luz verde este martes al proyecto de China de abrir en Londres la que será la mayor embajada de Europa. El ministro de Vivienda y Comunidades, Steve Reed, ha confirmado la decisión tras descartar que la apertura de la nueva sede diplomática suponga un riesgo para la seguridad nacional, así como para la de los ciudadanos chinos exiliados en el Reino Unido. La aprobación del proyecto, estancado durante años por las reservas de las autoridades y de los servicios de inteligencia británicos, supone un gesto de buena voluntad del primer ministro, Keir Starmer, hacía Pekín en un momento de máxima tensión con Estados Unidos.
El traslado de la embajada china al Royal Mint Court, un edificio con una superficie de cerca de 20.000 metros cuadrados situado a pocos metros de la Torre de Londres, había generado recelos desde que China adquirió las instalaciones en 2018 por 225 millones de libras esterlinas (unos 258 millones de euros). Una de las principales preocupaciones es su cercanía con los cables de fibra óptica que conectan la City de Londres con el segundo distrito financiero de la ciudad, Canary Wharf, y por los que pasan grandes volúmenes de información sensible cada día.
La segunda preocupación son las llamadas «salas secretas» ubicadas en el sótano del edificio, las cuales no estaban en la planificación original. Según grupos de disidentes, entre ellos activistas de Hong Kong o exiliados de la comunidad uigur, estas salas podrían ser utilizadas para encerrar e interrogar a ciudadanos chinos residentes en el Reino Unido.
Servicios de inteligencia
El Gobierno laborista ha decidido finalmente dar el visto bueno a la embajada después de que los servicios de inteligencia hayan concluido que el riesgo para la seguridad nacional es reducido. «El trabajo colectivo realizado por las agencias de inteligencia y los departamentos [gubernamentales] del Reino Unido para formular un paquete de medidas de mitigación de la seguridad nacional para el sitio ha sido, en nuestra opinión, experto, profesional y proporcionado», han señalado en un carta conjunta los directores del MI5 y del GCHQ. Los máximos responsables de los servicios de inteligencia han advertido, sin embargo, de que es poco realista «la eliminación de cualquier riesgo potencial».
En una intervención en el Parlamento este martes, el secretario de Estado de Seguridad, Dan Jarvis, ha destacado que la nueva embajada permitirá a las autoridades británicas monitorizar con más facilidad sus actividades, ya que hasta ahora los servicios diplomáticos de China en Londres estaban repartidos en hasta siete edificios. Un argumento que también ha utilizado un portavoz de Downing Street, quien ha insistido en que las dudas por el uso secreto de las instalaciones han sido resueltas. «El Gobierno ha visto los planos y estamos satisfechos de que cualquier riesgo se esté gestionando adecuadamente», ha señalado.
Críticas al proyecto
Aún así, la decisión ha provocado las críticas de los principales partidos de la oposición. El portavoz de Interior del Partido Conservador, Chris Philp, ha acusado al Gobierno de llevar a cabo una «rendición descarada» y ha puesto de relieve la tibieza con la que Starmer ha abordado los casos de supuesto espionaje chino en el Reino Unido. «A pesar de todo lo que China ha hecho en nuestro territorio, se le ha recompensado con exactamente lo que quería: una súperembajada que servirá de base para el espionaje, no solo en el Reino Unido, sino probablemente también en toda Europa», ha asegurado. El Partido Liberal Demócrata y los populistas de Reform UK también han mostrado su rechazo al proyecto.
El Gobierno insiste en que la decisión es firme y que sólo podría ser frenada a través de una acción judicial, una posibilidad que está encima de la mesa. Un grupo de residentes en la zona cercana a la nueva embajada está preparando un recurso judicial, ya que considera que la decisión del Ejecutivo está «predeterminada» y responde a motivos políticos.
Desde su llegada al poder en julio de 2024, Starmer ha tratado de fortalecer las relaciones comerciales con las principales potencias, incluida China, para atraer inversiones y acelerar el crecimiento económico en el Reino Unido. Los críticos consideran que la fecha de aprobación del proyecto no es casualidad, ya que el primer ministro está preparando un viaje a Pekín en las próximas semanas para reforzar las relaciones bilaterales en un momento de máxima incertidumbre en el escenario global. La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca ha resquebrajado las relaciones entre Londres y Washington y la creación de nuevas alianzas en materia diplomática y comercial se presenta más urgente que nunca.
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