Sin control no hay paraíso para el Elche. El conjunto franjiverde regaló dos puntos al Sevilla de la manera menos lógica que uno podía pensar. En un duelo a ritmo alto, casi siempre alocado, propuesto por un rival que acumulaba cuatro partidos sin marcar, los locales tomaron una renta inesperada de dos goles, gracias a su acierto. Y luego se liaron. Eder Sarabia, entre falta de efectivos y un posible mensaje para pedir fichajes, enterró el nivel de su equipo con los cambios. Y la penitencia fueron dos puntos que volaron a última hora, con un penalti absurdo.
Por empezar con lo malo, que fue lo último que ocurrió, parece inexplicable, aunque tengas lesionados a Álvaro Núñez y Héctor Fort, que tu propuesta para terminar un partido de Primera División en el carril derecho sea Diaby. El catalán, perdidísimo durante la media hora que jugó, ni cerró su banda ni aportó en ataque, algo que tampoco se le puede exigir a un central puro. Ni Yago ni Mendoza, que entraron en el mismo carrusel de sustituciones, con 2-0 en el electrónico, sumaron nada. El culmen lo puso Redondo, relevo de Febas para aguantar ya el 2-1 y al que, otra vez, y son demasiadas, se le vio lejísimos del mínimo exigible a un futbolista de élite.
En esas, el Sevilla igualó el choque. Lo hizo con un doblete de Akor en 15 minutos, después de la mencionada sequía goleadora, que en realidad, al menos en el Martínez Valero, los hombres de Matías Almeyda merecieron cortar antes, por cantidad y calidad de sus ocasiones. La pegada del Elche le puso en ventaja y el exceso de confianza se la quitó. El 2-2 llegó tras un penalti absurdo, cometido por un Álvaro Rodríguez, delantero, totalmente desentendido de la jugada, un centro del Sevilla desde la derecha que golpeó en su mano, uno diría que de manera totalmente involuntaria, mientras miraba para otro lado, sin tensión.
Akor no perdonó como habían perdonado antes sus compañeros. El Sevilla se topó tres veces con el palo: un trallazo de Mendy desde 35 metros y dos tiros de Oso, una falta envenenada y otro cercano, cuyo rechazo le cayó al nigeriano para meter en el partido a los suyos. Un partido que parecía cerrado. Porque el Elche, aún sin control, tuvo fuelle, fue valiente y encontró el camino hacia el gol.
Antes del 2-2, el 2-0
Abrió el marcador Febas, cerca del cuarto de hora, para quitarse el arreón inicial hispalense, tras robar, combinar con Neto y definir con puntería. La primera mitad fue un intercambio de golpes en el que ya no hubo más goles por el enorme mérito de los guardametas, además del primer palo visitante ya mencionado. Vlachodimos le sacó una mano tremenda a Álvaro Rodríguez, que fue una pesadilla para los centrales, pero estuvo algo impreciso en las definiciones, e Iñaki Peña respondió acto seguido a remate de Sow, después de que Isaac Romero le ganara la partida por velocidad a Chust.
El entretiempo parecía servir para serenar los ánimos por parte del Elche, al que no le convenía el ida y vuelta. Antes de hacer el segundo, Germán Valera perdonó un mano a mano, al querer picar el balón por encima del meta sevillista e intuirle este la intención. El murciano se desquitó en la siguiente acción, un córner en el que la pelota quedó viva en el área, Marc Aguado se la dejó de cara a Valera y este encontró el camino entre las piernas de compañeros y rivales y los brazos de Vlachodimos para, aparentemente, sentenciar la contienda.
Los jugadores del Elche celebran uno de los goles ante el Sevilla. / Áxel Álvarez
No fue así. El Elche bajó varios escalones con las decisiones de Sarabia para cerrar el encuentro. No se solidificó atrás y se petrificó en ataque, desapareciendo cualquier atisbo de peligro. Dos avisos, el segundo larguero y una nueva intervención de Peña, fueron el preludio de lo que estaba por venir. Regresó la locura, el descontrol.
Y ni el técnico ni los futbolistas franjiverdes fueron capaces de poner freno a un ritmo de partido que no les beneficiaba. En el descuento, tras el absurdo penalti, que el meta alicantino estuvo cerca de repeler, los locales incluso pudieron perder, en una acción en la que Sierra intentó provocar una nueva pena máxima. El tiempo posiblemente dirá que el Elche sumó un punto. Sin embargo, a día de hoy, la sensación es que regaló dos.
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