«No hay que estar serios, hay que divertirse, hay que vivir», le dice una niña a su compañero de clase en el patio de la facultad de Humanidades de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) en una declaración que devuelve las ganas de ver la vida de nuevo con los ojos de los quince años. El sol se cuela entre las gotas de lluvia que han pasado por agua el fin de semana e ilumina las caritas y las mentes de los chiquillos que están a punto de sumarse a la 52ª edición del Concurso de Redacción del Colegio Claret Las Palmas, algunos con frases alentadoras, otros pasando el rato entre risas o juegos del móvil.
Alrededor de 900 alumnos y alumnas de cerca de un centenar de centros educativos -86 de Gran Canaria- se han enfrentado al folio en blanco con una premisa que busca estimular la creatividad: el año pasado se les dio el final de un cuento; en otra ocasión, fue el famoso microrrelato de Augusto Monterroso –cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí– el que les sirvió de inspiración para arrancar su texto. El objetivo es que los estudiantes desarrollen una historia original «que tenga valores importantes», tal y como explicó Carla, profesora del IES Tomás Morales que asistió a la cita acompañando a una parte de su alumnado.
El rector de la ULPGC, Lluís Serra Majem, dio la bienvenida y recordó, ante un patio lleno, como «la lectura y la escritura en estos tiempos de pantallas y ChatGPT son más importante que nunca». «Ustedes representan un valor que tenemos que realzar en los próximos años. Existe la amenaza de que dejemos de redactar. Esto no puede permitirse, sería una tragedia para nuestra civilización», añadió, dirigiéndose a los jóvenes de entre 11 y 16 años allí presentes.
Los elegidos por cada centro eran, en la mayoría de los casos, los alumnos y alumnas que muestran más interés por la literatura en clase. «Todos los que están aquí son buenos lectores», subrayó Orlando, profesor de Lengua y Literatura, señalando a los estudiantes del Colegio San Vicente de Paúl. Entre ellos se encontraba Leyre, a la que le gustan «los clásicos y los romances» y que a sus 15 años ya tiene a sus espaldas lecturas como Orgullo y prejuicio de Jane Austen o El extranjero de Albert Camus.
Escritoras en potencia
En esta línea, también estaban Daniela y Carla, alumnas del Colegio Sagrada Familia, ambas con interés tanto en leer como en escribir cuando sus obligaciones se lo permiten. «Yo en mi casa en mi tiempo libre escribo, me gustan los libros juveniles, de romance o de historia», afirmó esta primera.
Carla, por su parte, se confesó amante de la mitología griega e hizo referencia a uno de los relatos en los que está trabajando: «Desde pequeña mi madre me enseñaba, a ella le gustaba mucho. Me parecía muy curioso como los griegos veían el mundo e intenté adaptar eso a una especie de reality show con un dios que nadie conoce», explica la joven adolescente.
Aunque en esta muestra de estudiantes reinaba, por lo general, la pasión por los libros y las historias, lo cierto es que el panorama, en cuanto a hábitos lectores, es cada vez menos alentador. Así lo relataron docentes como el propio Orlando, que nota como la mayoría «lee por obligación» y que muchos «escriben como si estuvieran mandando un WhatsApp». «Las nuevas tecnologías quitan tiempo de leer, porque están enganchados. Si el colegio no obliga a leer, muchos no leen. Ahora pasa más que antes, tienen mucho ocio a su alrededor», sentenció.
Pérdida de paciencia
En la misma línea habló la profesora Ana Martínez, del IES Lomo de La Herradura, que hizo alusión a que tras proponer un ejercicio en clase en el que sus alumnos tenían que leer un texto de una página y media sacado de este periódico, estos se llevaron las manos a la cabeza.
«Los niños solo quieren estímulos visuales, auditivos, buscan una sobreestimulación que la lectura no da. Están perdiendo la paciencia para leer, para disfrutar de lo que leen. No lo entienden como una forma de placer, sino como un castigo. Hay una pequeña parte del alumnado que sí lo hace, pero a la mayoría no les gusta. Y escribir ya ni te cuento», reflexionó.
Aun así, para quien ya tiene el hábito lector, las nuevas tecnologías como la inteligencia artificial pueden ser un aliado que permite dar alas a la imaginación. «Hay un montón de niñas lectoras en segundo de bachillerato. Con la IA, crean a los personajes de sus libros favoritos y eso les encanta», comentó la profesora del IES Tomás Morales, mientras los estudiantes de todos los centros esperaban en el patio el desayuno previo al concurso.
Entre pantallas y algoritmos, estos casi 900 estudiantes se enfrentaron al folio en blanco y, con ello, a uno de los gestos más antiguos: escribir a mano, dejando que las palabras se apoderen del bolígrafo para crear una historia en la que perderse y en la que otros se perderán después. Una forma de divertirse que, aunque cada vez menos habitual, consigue que nos tomemos la vida menos en serio y la vivamos con intensidad.












