En el polideportivo municipal de Villafranca se ha organizado con rapidez una respuesta coordinada entre vecinos y personal de Protección Civil para atender a los afectados por el accidente de trenes en Adamuz. El recinto, con capacidad para hasta 2.000 personas, dispone de más de una docena de camas, mesas y alimentos que ya se están repartiendo entre los afectados, como Marta, que viajaba en el primer vagón del tren de Iryo.
Según relata, “todo cambió de un momento a otro” y, tras unos segundos de shock, vio “cómo todo vibró”. Después logró salir y se encontró con un panorama “desolador”. “Soy médica de emergencias y ya me he enfrentado a situaciones similares. Aun así, es muy duro”, explica mientras coge un bocadillo que le ofrece un vecino. En su caso, ayudó a sacar y liberar a víctimas de los últimos vagones del tren. Aunque no ha sufrido heridas, reconoce que “ahora empiezo a asimilar lo ocurrido”.
Atención a los afectados en Villafranca. / A. J. González
Su compañero, Marcos Rondón, viajaba en el sexto vagón y recuerda que el impacto fue “muy violento” y que cayó al suelo. Le costó unos minutos recomponerse, pero cuando logró salir se encontró una escena “dantesca”. Su experiencia le permitió reaccionar con rapidez y comenzar a ayudar a otras personas. “Empezamos a colocar palés para que la gente pudiera bajar y salir lo más rápido posible”, relata aún con evidente nerviosismo. Poco después llegaron los bomberos, que facilitaron las labores de evacuación. “Ha sido todo muy complicado y eso que no hemos visto lo peor”, añade, con la voz entrecortada.















