Uno puede decidir si hacerse un tatuaje, comprarse un coche o invertir en una criptomoneda, pero la decisión que va a quedar de por vida en la memoria de alguien es el nombre que le va a poner a su hijo o hija. La elección de este apelativo puede ir arraigada a muchos significados, desde familiares (antecesores, personas muy especiales de un árbol genealógico), pasando por famosos (actores favoritos, deportistas, científicos) y llegando hasta personajes de series o videojuegos. Pues en Huesca está habiendo un repunte de un nombre que no corresponde a ninguna de estas tendencias, sino que te hace retroceder siglos en el tiempo para entender su significado.
Según datos recientes del Instituto Nacional de Estadística (INE), Rami está triunfando en la provincia aragonesa. En España, 480 hombres han sido bautizados con este diminutivo, que su cómputo dejan una media aproximada de 20 años. Volviendo a territorio oscense, el INE da un porcentaje (0.04 ‰) equivalente a que unos cinco hombres se llaman así, Rami. A la par que los de Aragón, Málaga, y más concretamente el municipio de Estepona, han cogido gusto a este apodo.
Que por su parte es un diminutivo de Ramiro, uno que no está tan de moda, pero que por antigüedad si que es compartido por más personas y es más popular en las tres provincias: 0.69‰ en Huesca, 0.50‰ en Zaragoza y 1.37‰ en Teruel.
Un nombre con siglos a su espalda, Rami hunde sus raíces en la historia medieval de Aragón, donde el nombre completo Ramiro tuvo un peso decisivo. Fue Ramiro I de Aragón, primer rey aragonés en el siglo XI, quien consolidó un territorio que tenía en el actual Alto Aragón y la provincia de Huesca uno de sus escenarios clave. Su figura, ligada a la frontera pirenaica y a la expansión cristiana, convirtió a Ramiro en un nombre asociado al poder, la legitimidad y la identidad aragonesa. Con el paso del tiempo, la forma corta Rami ha sobrevivido como herencia familiar y cultural, manteniendo viva una tradición que conecta la Huesca actual con sus orígenes históricos.
Triunfo de los diminutivos
Pero, ¿por qué cada vez más familias optan por acortar los nombres de sus hijos e hijas? Puede haber varios motivos, como el cariño y afecto que transmiten estos diminutivos, la facilidad que supone para el lenguaje oral del castellano y la simpleza que transmite, o lo moderno que puede resultar esto para el oído humano. Varios ejemplos prácticos son: Leo (Lionel, en parte por la leyenda futbolística de Leo Messi), Álex (de Alejandro), Lola (de Dolores) o Mía (de María).












