Incertidumbre, nervios, tensión… Sentimientos propios de un examen, que volvieron multiplicados exponencialmente horas después, cuando ya no lo esperaban. De pronto, en el momento que cientos de opositores se disponían a volver a sus casas tras realizar la prueba para funcionario de prisiones. Primero, llegó el enfado por el retraso. Luego, preocupación, al entender que lo estaba ocurriendo iba más allá de una simple avería que causaba un retraso. Y por último, alivio, por no haber vivido en primera persona el accidente de trenes de Córdoba, una tragedia que, aún así, tardarán en olvidar.
«Nos ha dado un vuelco al corazón. Veníamos del examen y nos daba igual todo lo demás. Tras conocer la noticia, eso ha pasado un segundo plano. Doy gracias a dios que no íbamos en ese tren, ha sido cuestión de una hora», cuentan Ana Carmen y Lucía, dos de las opositoras que viajaban en el siguiente tren al Alvia descarrilado que salío de Atocha rumbo a Huelva. Tras saber, a fin de cuentas, que rozaron vivir en primera persona la tragedia de Adamuz, que ya va por una decena de muertos y centenares de heridos.
«No conocemos a nadie que fuese en el tren descarrilado. Muchos eran opositores. Los trenes iban llenos, tanto para ir ayer como para volver hoy», añaden, por suerte para ellos. Pero hay otros que sí, lo que da un giro radical a lo ocurrido.
«Nos pudo pasar a cualquiera»
“Nos contaron que las vías estaban bloqueadas. No conocemos a nadie directamente, pero un grupo de opositores que viajaban con nosotros nos han dicho que su compañera iba en el primer vagón del tren descarrilado y no responde al teléfono. No consiguen localizarla”, cuentan Susana, Carlos, María y Elena, que viajaban en el tren de Madrid a Málaga a las 20:30 horas de la tarde.
“Es tremendo. Nos podía haber pasado a cualquiera. Menos mal que nos lo han dicho antes de salir de Madrid. A los que iban dirección Toledo les han dejado tirados en mitad del camino. Los coches de alquiler están agotados. Hemos cogido uno de los últimos”, explican, reflejando la sensación de aleatoriedad, de ruleta rusa, que destila lo ocurrido.
“Nada más montarnos nos han dicho que ha habido un accidente y se suspendía la circulación. Ha sido una odisea conseguir el reembolso de los billetes. Teníamos que conseguir hotel o coche por nuestra cuenta y las colas son enormes. Después de tres horas tenemos un hotel para descansar y un coche para regresar a Málaga mañana por la mañana”, añaden, casi dando las gracias porque lo suyo, al fin y al cabo, queda en una anécdota comparado con lo que pasó en el tren de delante.
Pantalla informativa en la estación Madrid-Puerta de Atocha-Almudena Grandes, a 18 de enero de 2026. / Carlos Luján – Europa Press / Europa Press
Sin noticias de su plan de vuelta
Sus historias son la de tantos otros que, a estas horas, no saben cuando podrán llegar a sus destinos. «Íbamos en el tren que salía a las 18:35, justo en de después. Estábamos en Madrid para hacer un examen de oposición a instituciones penitenciarias. Veníamos muy nerviosas por todo lo que ello conlleva. A las 20:00, ya casi en Córdoba, hemos tenido una parada y nos han dicho que había una incidencia. No sabíamos que pasaba. Hemos podido salir del tren incluso y, al poco tiempo, nos han dado la vuelta hacia Madrid. Son las 23:00 y acabamos de llegar», cuentan.
«No nos han dado ningún tipo de ayuda. Que nos busquemos la vida. Van a habilitar una zona aquí con calefacción para niños y personas mayores, pero al resto nada. Nos hemos tenido que coger un hotel», añaden. «El problema va a ser mañana porque no hay autobuses. Hay que volver y los vuelos están a 200€. La gestión ha sido nefasta. Lo único que han hecho ha sido repartir botellas de agua».














