Hansi Flick vivió ayer uno de esos días que te dejan tocado. De los que molestan al entrenador más allá del resultado. En el vestuario del Barça no recuerdan haberle visto tan enfadado. La razón fue tan simple como dolorosa. Dro, uno de los jóvenes en los que más confiaba, le comunicó que pagará la cláusula de 6 millones de euros y se marchará del club en cuestión de días.
Flick, que no distingue entre titulares y canteranos cuando se trata de proteger, formar y exigir, no entendió una decisión tomada únicamente desde el bolsillo. Así que le abrió la puerta sin pensárselo. Quizá la oferta que ha recibido Dro sea mareante, pero la historia reciente del Barça es clara: de los que se fueron antes de tiempo por la pasta ninguno ha acabado triunfando.
Deco, con buen criterio, no ha movido ficha para retenerle. No se puede competir en locura ni en chequera cuando tienes La Masia. El Barça pierde a un futbolista con proyección, sí, pero Dro pierde algo más difícil de recuperar: un contexto, una identidad y a un entrenador que ejerce de padre futbolístico. El tiempo dirá quién tomó la mejor decisión, aunque la experiencia invita a pocas dudas.
Y mientras Flick se cabrea en silencio, Florentino Pérez empieza a sentir algo que no le resulta nada familiar: la presión del entorno. El presidente del Real Madrid está molesto, indignado y, sobre todo, se siente señalado. Más allá de los tropiezos en la Supercopa y la Copa del Rey, la novedad es que la crítica ya no llega solo desde fuera. La prensa de la capital apunta directamente al presidente como principal culpable de la debacle deportiva.
Florentino, acostumbrado a marcar el rumbo y a no dar explicaciones, encara un Bernabéu cada vez menos indulgente. Muchos aficionados siguen cargando contra los futbolistas, pero cada vez más socios empiezan a mirar hacia la presidencia. Habrá que ver cómo digiere el ‘ser superior’ este nuevo escenario. Dicen quienes le conocen bien que lo peor que lleva Florentino es perder el control de la prensa. Pues sí, la crisis del Madrid ha llegado a un palco que parecía intocable.














