Aprovechando estos días de lluvia he labrado la parcela donde voy a plantar viña esta próxima primavera. Se trata de un campo que arranqué de Syrah y en el que ahora tengo previsto plantar una variedad autóctona blanca como es la macabeo, que aunque es una variedad negrillera, resulta bastante resistente a la sequía, aspecto especialmente relevante en el contexto climático actual, donde se producen largos períodos de sequía.
Con el fin de adelantar los trabajos y asegurar una correcta preparación del terreno, solicité un permiso especial a Conselleria lo que ha permitido tener la parcela lista y evitar posibles retrasos derivados de las lluvias. Hubo un año en el que llovió tanto que no pude llegar a desfondar, limitándose los trabajos al pase de topos.
El desfonde es una labor fundamental cuando se planta viña, ya que permite eliminar restos radiculares y mejorar la estructura del suelo. En parcelas donde se replanta viña, algunos viticultores optan además por la desinfección del terreno como medida preventiva.
Labrar un campo recién desfondado requiere de cierta pericia, de un tractor potente y, sobre todo, mucha paciencia, ya que hay muchos terrones que hay que deshacer. Si el terreno no se encuentra en condiciones óptimas, los trabajos se complican notablemente y el trabajo resultado puede no ser el deseado.
En este caso, la parcela ha permanecido en descanso durante dos años desde el arranque de la viña anterior. Tras el desfonde han salido bastantes piedras, pero la tierra está especial, con mucha sazón. Las lluvias invernales han sido abundantes, dando lugar a una tierra bien trabajable y muy agradecida.
A pesar de la incertidumbre que atraviesa actualmente el sector vitivinícola, he decidido plantar convencido de que las crisis son pasajeras. Aunque el consumo haya caído y exista mucha competencia, sigue siendo un sector con futuro y, a largo plazo, rentable. Hay quien me ha calificado de loco o irresponsable por tomar esta decisión, sin embargo, quien suscribe estas líneas continúa apostando firmemente por el sector primario.
Una vez finalizados estos trabajos, he procedido a labrar las parcelas de almendros en las que he realizado un injerto para el cambio de variedad. No se ha retirado la leña acumulada tras su trituración, lo que ha dificultado el desarrollo de las labores.
Hace unos años se plantó en la finca la variedad vairo, caracterizada por una floración abundante, pero con escaso cuajado. Tras varios años de resultados limitados, he optado por injertar los árboles y sustituirla por la variedad Lauranne, que ofrece un comportamiento productivo más regular, como he podido comprobar en otras parcelas de la finca plantadas con esta variedad.
Los injertos se han realizado mediante el procedimiento de púa, y es de esperar que esta próxima primavera comiencen a mover y a mostrar una buena evolución vegetativa.
En breve comenzaremos la poda del resto de almendros y del viñedo. Y es que en el campo, cuando se termina una labor, enseguida se da paso a la siguiente.














