La calle Sagunt de València acogerá este sábado uno de los actos más curiosos y, a la vez, populares, que se dan a lo largo del calendario festivo. El año natural empieza con una fiesta de origen rural que hunde sus tradiciones en los tiempos en los que esta zona de la Saïdia formaba parte o colindaba con la huerta.
La fiesta de Sant Antoni siempre se celebra el 17 de enero. Caiga cuando caiga en la semana. Pero siendo sábado, en esta ocasión se prevé una participación del público más notable que en los últimos años. Después de haber plantado y quemado la hoguera, esta sí trasladada al fin de semana, ahora llega el acto de Bendición de Animales.
A partir de las 11.15 de la mañana, todo aquel que tenga un animal de compañía puede acudir a pasar por delante de la tribuna principal, en la que los sacerdotes llevan a cabo la bendición lanzando el agua bendita con ramas de romero. Indistintamente al animalito y al dueño. La calle se convierte en una curiosa jornada de convivencia en la que perros y gatos se alternan con otro tipo de especies, tanto algunas clásicas -peces, tortugas, cobayas- sino algunas más exóticas: serpientes, hurones o similar. No hay que pertenecer a la Hermandad: basta con querer pasar el rato con el compañero de viaje para acudir, recibir las aguas y el «pa beneït».
Ese desfile popular capitaliza la primera parte del desfile. Y la organización ha anunciado que, por motivos de seguridad -para no juntarse con las cabalgaduras posteriores- una vez pasen los animales de compañía tendrán que esperar a una segunda tanda al final del acto.
Porque cuando el gran contingente ha pasado llega el turno de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad: unidades ecuestres y caninas de Policía Nacional, Local, Guardia Civil y UME. Los siguientes son los carros de labradores, que habrán venido desde todo tipo de poblaciones. Y no les preocupa hacerlo sea en fin de semana, sea entre semana. Nunca faltan a la cita. La megafonía les anuncia con el nombre y apodo de cada labrador. Si no fuera porque el suelo es de asfalto, daría la sensación de estar en una fiesta de población agrícola.
Completan el siempre pintoresco desfile las caballerizas de lujo: enganches, carruajes y centros hípicos.









