De haber entrenado a los azules desde el inicio no estaríamos en esta situación

Guillermo Almada (Montevideo, 1969) ha tenido la valentía de hacerse cargo de un recién ascendido por el cual ya habían pasado dos entrenadores que no dieron con la tecla. El Oviedo naufragaba por el descenso de Primera División y recibía una goleada en Nervión. El charrúa no se lo pensó dos veces y aceptó el reto. Con gesto serio y su mate en la mano, como buen uruguayo, el técnico del Oviedo concede a LA NUEVA ESPAÑA su primera entrevista en uno de los vestuarios de El Requexón, esos mismos espacios donde convence a sus futbolistas de que lograr la permanencia está al alcance de su mano. Y es que, desde su llegada, se notan los brotes vedes.

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