Pelota parada, inteligencia futbolística y esfuerzo colectivo. El CD Castellón de Pablo Hernández mostró una de sus múltiples caras y derrotó al Leganés para dormir en el coliderato. Los goles de Mabil y Suero, este último de penalti, y la portería a cero de Matthys abrocharon la sexta victoria seguida de los orelluts, que saben de fútbol, saben de números y saben latín.
El triunfo se coció a fuego lento, y seguramente por eso tuviera más mérito. De entrada, los dos equipos pugnaron por la pelota. El dominio inicial fue local porque el Castellón se lo ganó a pulso. Un doble lujo de Cala y Mabil, en el minuto 6, evidenció el momento de confianza de los orelluts. El Leganés insistió en tejer la jugada desde la salida, asumiendo un riesgo que propició varias intentonas albinegras.
El Castellón ajustó para robar y lo hizo a menudo. Sobre todo a partir del cuarto de hora, por oleadas. Tras un robo en campo contrario llegó el primer tiro a puerta de Cala, controlado por el meta Juan Soriano. Otro robo agresivo de Mellot desembocó en un centro tenso al que no llegó por poco Pablo Santiago. Idéntico origen tuvo un pase picadito de Cala que remató fuera Camara, ligeramente adelantado en fuera de juego.
El 1-0 llegó en el minuto 28, con Brignani y Mabil como principales protagonistas. Fue así. Primero Mabil inventó la mabilinha: se resbaló antes de recibir en el costado y se levantó raudo para aprovechar la confusión y forzar la falta de Franquesa. Luego Brignani demostró por qué obligó a sus amigos, un par de años atrás, a pasar el verano lanzándole centros que él remataba en serie para mejorar de cabeza. En la temporada siguiente, Brignani marcó 10 goles y subió a la Serie B italiana.
En la actual, ya lleva un par de goles a pelota parada como orellut y esta noche saltó más que nadie para descolgar la comentada falta, provocada por Mabil y enroscada por Cala. La pelota quedó suelta en el área y Mabil tuvo la paciencia necesaria para no precipitarse con el bote alto y clavar la volea en la red, muy cerca del travesaño.
Cala dirige un ataque del Castellón. / GABRIEL UTIEL
El gol situó al Castellón acariciando el cielo y el cielo respondió descargando lluvia. La inercia del 1-0 alumbró otra ocasión local generada, como casi siempre, por la astucia de Cala, que conectó con Camara entre un bosque de piernas en el área. El delantero soltó un latigazo al que respondió Juan Soriano con firmeza, y el centrochut de Alcázar en la continuación se paseó burlón de lado a lado.
De hecho, el Leganés fue creciendo a medida que el agua todo lo empapaba. No exigió a Matthys apenas, pero achantó al Castellón y merodeó en el área. El equipo de Pablo Hernández mostró entonces el cuajo necesario para sostenerse. Tuvo tiempo para rozar el 2-0 en una dinámica de paredes comandada por Gere, que no encontró el timing para golpear a puerta.
La segunda parte
La lluvia se marchó al descanso y el segundo tiempo comenzó con polémica: gol anulado a Cala por fuera de juego previo (y milimétrico) de Camara, ratificado por el VAR tras otra revisión eterna.
Con el Castellón cada vez más perfilado para la contra, Pablo Hernández añadió pronto al verde la velocidad de Cipenga, aunque la gran ocasión, en el minuto 60, la tuvo Juan Cruz. Ganó la espalda de Alcázar y elevó sobre Matthys, pero el lateral corrigió a tiempo para evitar el empate cerca de la línea.
El Castellón reaccionó y mejoró, también de la mano del doble cambio (Suero y Jakobsen). Braceó sobre la segunda mitad, sobre los cambios ofensivos del rival y sobre la piel fina del colegiado, el célebre Dámaso Arcediano (el del rocambolesco penalti de Salva contra el Málaga, entre otras obras). Braceó tanto que encontró el premio.
Gere entró como un animal a un balón dividido y ganó una falta. En la continuación, Cala cuerpeó voraz una pelota que se perdía y Dámaso pitó penalti de Diawara. El ejercicio de fe lo coronó Suero desde los 11 metros. Era el minuto 87, y la fiesta era oficial en Castalia.
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