Con más de 1.500.000 lectores, el maestro del thriller, Mikel Santiago, regresa con ‘La chica del lago‘. En el libro, una escritora de thrillers ve cómo durante una firma de ejemplares le entregan un sobre. Dentro hay una fotografía del diario de Alba, una adolescente muerta en extrañas circunstancias cuya historia inspiró la novela más conocida de la escritora: ‘La chica del lago’.
¿Usted no preferiría también resolver misterios en lugar de escribirlos?
Me encantaría, sí. Sería genial, muy divertido, ¿no? Ahora bien, quizás yo soy muy cagueta para enfrentarme a las situaciones a las que expongo a mis personajes. Pero desde luego que si escribo misterios es porque me atrae esta parte enigmática de juego, de deducción, y a mí mismo me motiva muchísimo. Muchas veces, cuando escribo, casi también estoy resolviendo el misterio que me planteo a mí mismo.
¿También ha tenido alguna sorpresa en la presentación de un libro?
En las presentaciones nunca me ha pasado nada demasiado grave. Para mí, ese momento de las firmas es agradable. Ahora bien, también es cierto que el momento de las preguntas del público a veces es muy comprometido, porque no sabes quién va a participar y qué va a decir, y entonces sí que podemos decir que hay momentos de tensión y suspense. Cuando una persona coge el micrófono, no sabes por dónde irá la cosa. En las firmas alguna vez ha venido gente a entregarme sobres, como el que le dan a mi protagonista al principio de la novela.
¿Con un misterio dentro? ¿O con dinero?
Alguna vez me han dado un sobre pidiéndome que no lo leyera en ese momento, y después resultaba que era algo tan bonito como una poesía o una carta muy personal, explicando una experiencia muy íntima relacionada con el libro. Es decir, todo con un final feliz, pero en el momento en que ocurre yo, como escritor de fatalidades, me imagino cualquier cosa mala. Al igual que cuando me regalan unos bombones y los doy primero a la editora. Seguro que son muy buenos… pero primero que los pruebe ella (carcajada). No sea que yo, que pienso que soy muy buen chico, tenga algún enemigo por el mundo.
Y si, Dios no quiera, tuviera que matar a alguien, ¿cuál cree que sería el mejor sistema?
Una buena idea sería acompañar a la víctima en un paseo por un acantilado (ríe). Hay muchas cámaras y policías y es todo muy complicado, pero yo creo que un buen paseo por un acantilado, hacemos un selfie, da un pasito más hacia atrás, otro más… Yo creo que es el mejor sistema, y el más limpio.
Y siempre puede decir que resbaló solo.
Resbaló solo, y además habíamos venido aquí a hablar de mi novela y ver las localizaciones, yo lo tendría fácil, siempre podría decir esto. Estábamos aquí hablando de cosas, se despistó y pisó en falso… (ríe).
Usted es de Portugalete. ¿Era complicada la juventud en el País Vasco, en los años ochenta?
En los 80 en el País Vasco había mucha acción callejera, violencia constante por parte de ambos lados. Esto hacía que la vida fuera todo menos aburrida. De todas formas, yo logré sacar adelante una vida fuera de la política. Soy un friki de los juegos de rol y tenía mi mundo montado aparte de todo lo que ocurría a mi alrededor.
Es decir, que era el chico rarito.
Era una persona imaginativa, algo evasiva: la lectura, el cine, la música, mis dibujos, mis periódicos, quizás todo eran actividades algo de evasión, lo reconozco. Sé escribir de crímenes y tales, pero claro, inventados.
Como escritor de crímenes, ¿qué piensa que hubiera tantas presiones contra el libro sobre Bretón, que al final fuera retirado?
Pienso que la gran fórmula para poder escribir de ciertas cosas, de muchísimas cosas duras, ha sido la distancia, el tiempo. Yo creo que el tema de Bretón estaba demasiado cerca en el tiempo. La clave para poder hablar de ciertas cosas, de ciertos dolores que todavía están inflamados, tanto sea en el recuerdo de los familiares como en la opinión pública, que muchas veces también se inflama, es dejar que todo repose muchísimo. Estoy hablando de muchos años.
Woody Allen dijo que la comedia es más tiempo tragedia.
Es que cuando salió el libro de Bretón, la polémica estaba todavía en curso. En cambio, un día vi un anuncio de lentillas que decía que si el capitán del Titanic las hubiera utilizado, el barco no se hundiría. Ya había distancia en el tiempo, como dice Woody Allen.
Pues le propongo una pregunta para mojarse, y con poca distancia: ¿qué opina de las críticas a Juan del Val al ganar al Planeta?
Criticar al Planeta últimamente parece el deporte nacional. Y quizá el personaje dé la oportunidad a mucha gente de meterse con él. Y con las casualidades del Planeta, ¿no? La industria del libro tiene sus formas de vender, a veces utilizando el sensacionalismo y el fenómeno, y otras veces tipos como yo, que a pico y pala, vamos sacando nuestros libros y vamos consiguiendo nuestra parroquia de lectores. A mí me gusta más mi manera, que ir convenciendo uno a uno a los lectores y consiguiendo tener una audiencia, sin necesidad de grandes polémicas.
A pico y pala pero con millones de lectores en todo el mundo. ¿Tiene vértigo cuando piensa en ello?
La verdad es que si cuando estás escribiendo una novela te imaginas todas estas caras que vienen a las presentaciones y los mensajes que te envían, puedes llegar a tener una parálisis. Una parálisis de dedo, ya que el miedo a equivocarte ya decepcionar puede ser muy grande. Es una profesión muy psicológica.
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