La musaraña de la Isla de Navidad (Crocidura trichura) ha sido declarada extinta. Así lo ha determinado la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) en la última revisión de la Lista Roja de Especies Amenazadas de 2025. El último ejemplar del único representante de este grupo de pequeños mamíferos insectívoros fue visto hace 40 años, lo que ha supuesto que los modelos estadísticos calculen una probabilidad de extinción superior al 90%, el umbral establecido para esta categoría.
Esta pérdida eleva a 39 el número de mamíferos australianos desaparecidos desde la colonización europea, el 10% del total, un récord lúgubre que sitúa al país a la cabeza mundial en este triste ranking.
La trágica historia de esta musaraña es un relato vertiginoso de declive. Cuando los primeros naturalistas europeos visitaron la Isla de Navidad, un territorio australiano en el océano Índico, a finales del siglo XIX, la especie era abundante. El zoólogo Charles Andrews anotó en 1900 que el animal era «extremadamente común por toda la isla» y que se refugiaba en «agujeros en rocas y raíces de árboles, y parece alimentarse principalmente de escarabajos».
Un cambio rápido y brutal
Sin embargo, el cambio fue rápido y brutal. En 1900 se introdujeron accidentalmente ratas negras (Rattus rattus) infectadas con tripanosomas, un parásito. La enfermedad se propagó con virulencia entre la fauna nativa, que carecía de defensas. Para 1908, apenas ocho años después, la musaraña y las dos especies endémicas de rata de la isla ya se daban por desaparecidas.
Ejemplares del género Crocidura. / Holger Casselmann
Pero la musaraña, contra todo pronóstico, logró resistir en una esquina de la isla. Tras más de medio siglo sin noticias, se registraron dos individuos en 1958 y otros dos a mediados de la década de 1980. Esos cuatro ejemplares, capturados de manera fortuita, son los únicos avistamientos confirmados en los últimos 120 años. Desde 1985, el apagón ha sido absoluto.
Se han realizado numerosas campañas de búsqueda específicas, se ha monitoreado la isla extensivamente y se han analizado los contenidos estomacales de más de 500 gatos salvajes cazados en programas de control, según recoge la evaluación de la UICN. Ningún esfuerzo ha dado fruto. La ausencia de restos en tantos depredadores es un testimonio elocuente de su desaparición.
Amenazas múltiples y acumulativas
Para determinar su estado con el máximo rigor, los evaluadores de la UICN aplicaron dos modelos estadísticos independientes. El denominado ‘Modelo de Amenazas’, que considera la gravedad y el alcance de las presiones sobre la especie, arrojó una probabilidad de extinción del 98%.
El ‘Modelo de Registros y Encuestas’, que analiza la historia de avistamientos y la intensidad de las búsquedas, estimó por su lado una probabilidad del 92%. Ambas cifras superan con creces el umbral del 90% requerido para declarar una especie extinta. «En el balance de la evidencia, esta especie es, por lo tanto, evaluada como extinta», concluye el documento de forma terminante.

Sello de Australia dedicado a la musaraña de la Isla de Navidad. / Agencias
Las amenazas que acabaron con la musaraña fueron múltiples y acumulativas. La enfermedad introducida por las ratas a principios del siglo XX diezmó la población inicial. Pero la pequeña población residual que sobrevivió se enfrentó después a un auténtico asedio: la depredación por gatos salvajes y las propias ratas, la alteración del hábitat, la invasión de la hormiga loca amarilla (Anoplolepis gracilipes) y, desde la década de 1980, la introducción de la serpiente lobo común (Lycodon capucinus).
El golpe final
Este reptil, que se expandió por toda la isla, es señalado como el probable factor causal en la extinción de otras especies endémicas, como un murciélago y varios lagartos. Su llegada pudo ser el golpe final para cualquier musaraña que aún sobreviviera.
A pesar de los esfuerzos de conservación desplegados en la isla, que incluyen el control de hormigas locas amarillas, intentos de erradicación de gatos y la protección de gran parte del territorio como parque nacional, las acciones llegaron demasiado tarde para esta especie.
La musaraña de la Isla de Navidad figuraba como ‘En Peligro Crítico’ en la legislación ambiental australiana, un estatus que ahora se actualiza a la cruda realidad de la extinción. Este caso ilustra la vulnerabilidad extrema de las especies endémicas de islas pequeñas frente a las invasiones biológicas, un patrón de destrucción que se ha repetido en todo el planeta.
Más especies extinguidas
La musaraña de la Isla de Navidad era un animal que habitaba bosques pluviales de meseta alta con suelo profundo y suelos superficiales de bosques pluviales de terraza. Se alimentaba principalmente de pequeños escarabajos y utilizaba agujeros en rocas y raíces de árboles como refugio.

Musaraña. / Getty Images
Su coloración iba del gris oscuro al marrón rojizo y, lo mismo que todas las demás musarañas, la de la Isla de Navidad se asemejaba a un ratón y pesaba entre 4 y 6 gramos. A diferencia de otras musarañas, estaba cubierta de pelos largos y finos y tenía una cola más larga que sus parientes. Podían vivir hasta dos años.
Además, la UICN ha declarado extintas a otras nueve especies: entre las que figuran el caracol cono (Conus lugubris), el zarapito patinegro (Numenius tenuirostris), un ave playera migratoria registrada por última vez en Marruecos en 1995; Diospyros angulata, una especie del mismo género que los árboles de ébano; y otros tres mamíferos australianos, el bandicut rayado del suroeste (Perameles myosuros), el bandicut rayado del sudeste (Perameles notina) y el bandicut barrado de Nullarbor (Perameles papillon), así como Delissea sinuata, una planta nativa de las islas hawaianas.














