Las microburbujas en el agua del grifo que se vierte en un vaso de plástico o se acumula en una botella son lo suficientemente fuertes como para crear pequeñas abrasiones en la capa interna del material por efecto de la erosión hídrica, incrementando silenciosamente la creciente amenaza de los microplásticos y los nanoplásticos para la salud humana.
Un equipo internacional liderado desde el Centro AMBER y el Trinity College Dublin, en Irlanda, describe en un estudio publicado en la revista Science Advances un mecanismo por el cual las microburbujas presentes en el agua erosionan superficies plásticas y liberan microplásticos y nanoplásticos (MNPs) al medio acuático, una vía que los investigadores vinculan con riesgos cardiovasculares y neurodegenerativos.
El trabajo documenta la formación espontánea de pequeñas abolladuras y estructuras anulares en plásticos, por ejemplo en vasos o botellas de ese material, que terminan fragmentándose en partículas invisibles al ojo humano. Los autores observaron el fenómeno en distintos tipos de agua, como desionizada, de grifo, de río y marina.
Microburbujas, erosión hídrica y contaminación del agua
Los científicos concluyeron que las microburbujas, al adherirse y desplazarse sobre la superficie plástica, generan fuerzas de tensión y erosión capaces de desprender MNPs sin necesidad de energía externa intensa. En otras palabras, cada vez que el agua hace contacto con el plástico de botellas, envases o vasos desechables, existe un potencial real de generación continua de partículas.
Según informa Phys.org, estudios previos muestran que millones de partículas plásticas se encuentran en la cadena alimentaria, y que los seres humanos podemos ingerir decenas de miles de microplásticos y nanoplásticos al año a través del agua embotellada y otros alimentos.
Además, existen reportes de acumulación de plástico en placas carotídeas y en tejidos cerebrales, asociadas a un mayor riesgo de eventos cardiovasculares y a correlaciones con enfermedades neurodegenerativas. La nueva investigación sugiere que la generación de MNPs no proviene solamente de la degradación a largo plazo de macroplásticos, sino también de procesos cotidianos de erosión en los recipientes.
Referencia
Microbubble-induced erosion releases micro- and nanoplastics into water. Dunzhu Li et al. Science Advances (2025). DOI:https://doi.org/10.1126/sciadv.aea4729
Microplásticos, enfermedades neurodegenerativas y cardiovasculares
De acuerdo a una nota de prensa, el contacto con el agua hace que las burbujas se formen sobre el plástico y provoquen erosión: aunque esto es inevitable y retirar residuos plásticos es imprescindible, no resulta suficiente para evitar el problema. Mientras persista el plástico en el entorno, seguirá generándose contaminación invisible, según destacan los científicos.
Los autores describen además estructuras en forma de anillo y un proceso de fragmentación que produce partículas de tamaños micro y nano, escalas que facilitan la entrada de estos materiales en tejidos y órganos. Este detalle físico-mecánico aporta un mecanismo plausible para explicar hallazgos médicos que han detectado fragmentos plásticos en arterias y cerebro. Sin embargo, los investigadores advierten que se requieren más estudios para establecer una causalidad directa entre la exposición a MNPs y enfermedades específicas en humanos.











